
No sé porque me he subido hoy en la bicicleta estática de mi mujer, ni tampoco he tenido muy claro desde la tarde del sábado en la que la compramos, que nos empujo a adquirirla. Una bicicleta sin ruedas me parece una estupidez absoluta, para hacer ejercicio, siempre es mejor hacer el amor… y más divertido. Esos que salen en los anuncios de las teletiendas pedaleando y sonriendo como si fueran memos, siempre me han parecido deficientes mentales… yo a los tres minutos ya estoy con la lengua fuera… y de lo que menos tengo ganas, es de sonreír, con ese maldito sillín ergonómico rompecojones de mono destrozándome las pelotas. ¿ Qué les puede hacer tanta gracias a esos gilipollas?. Seguramente, pensar en mi dolor de güevos. Pedalear y pedalear, sin llegar a ningún sitio, es simplemente… una cosa de locos. ¿ Es esto un avance significativo de la civilización?.
Bueno, el caso es que me subí, y me puse a pedalear como un loco. Al principio, fue una idiotez más… Ver en cuanto tiempo hacía un kilómetro. Cuando comprobé que mi marca era de dos minutos y cuarenta segundos, decidí continuar hasta comprobar cuantos kilómetros podía hacer en veinte minutos. ¡ Sólo cinco!. ¡ Qué asco!. Decidí dejarlo para siempre. Ésta máquina infernal no fomenta mi espíritu competitivo, lo único que me hubiera animado a utilizarla. Además, ríos de sudor me empezaban a brotar en el pecho a los ocho minutos de estar en pleno éxtasis deportivo… eso no podía ser nada sano. Ese empeño de algunos por el deporte “ sonriente” tiene que ser cosa del maligno… o del disfrute de un buen dolor de nalgas… Ah, sí, ahora lo entiendo… Esto del spinning, ahora llaman así a ir en bici a ninguna parte, es una mierda como un piano.
Bueno, el caso es que me subí, y me puse a pedalear como un loco. Al principio, fue una idiotez más… Ver en cuanto tiempo hacía un kilómetro. Cuando comprobé que mi marca era de dos minutos y cuarenta segundos, decidí continuar hasta comprobar cuantos kilómetros podía hacer en veinte minutos. ¡ Sólo cinco!. ¡ Qué asco!. Decidí dejarlo para siempre. Ésta máquina infernal no fomenta mi espíritu competitivo, lo único que me hubiera animado a utilizarla. Además, ríos de sudor me empezaban a brotar en el pecho a los ocho minutos de estar en pleno éxtasis deportivo… eso no podía ser nada sano. Ese empeño de algunos por el deporte “ sonriente” tiene que ser cosa del maligno… o del disfrute de un buen dolor de nalgas… Ah, sí, ahora lo entiendo… Esto del spinning, ahora llaman así a ir en bici a ninguna parte, es una mierda como un piano.












