
Hay miradas llenas de llantos secos. Ojos cansados de servir copas noche tras noche a los mismos tipos desagradables de siempre. Cadenas invisibles los atan a una barra con olor a alcohol viejo. Estantes con botellas caras esperan a esas damas extrañas, como de paso por la vida. Como Dalia.
La sed viene de lejos. Sale a borbotones por entre las manos de Cris e inunda un vaso sin fondo donde se han olvidado los años bárbaros. Donde alguien escribía en una libreta frases incoherentes. Allí los hombres de gris con sus armas grises mataron su alma poco a poco, royéndola en su alcantarilla. Fue el refugio de sus sueños donde enroscarse cada noche a un whisky on the rocks. Fue el hogar de los que perdieron: De Cristiano, un cincuentón camarero portugués, y de Dalia, una dominicana recién llegada que ejerce la prostitución cerca de su bar.
El la ama en silencio cada noche mientras la sirve un gin tonic de Larios. Y se revuelven sus entrañas calladas atendiendo como desde el fondo esos borrachos de mierda la llaman puta. Ya no tiene dentro aquel extraño fuego. La fuerza de la juventud cuando el mundo era una roca a la que dar patadas en un escarchado día de invierno.
Mañana no vendrá a trabajar. Los ebrios tendrán que buscar en otro lugar mujeres a las que insultar. El estará con Dalia en el hospital donde la llevará malherida por tres hombres buenos.
La sed viene de lejos. Sale a borbotones por entre las manos de Cris e inunda un vaso sin fondo donde se han olvidado los años bárbaros. Donde alguien escribía en una libreta frases incoherentes. Allí los hombres de gris con sus armas grises mataron su alma poco a poco, royéndola en su alcantarilla. Fue el refugio de sus sueños donde enroscarse cada noche a un whisky on the rocks. Fue el hogar de los que perdieron: De Cristiano, un cincuentón camarero portugués, y de Dalia, una dominicana recién llegada que ejerce la prostitución cerca de su bar.
El la ama en silencio cada noche mientras la sirve un gin tonic de Larios. Y se revuelven sus entrañas calladas atendiendo como desde el fondo esos borrachos de mierda la llaman puta. Ya no tiene dentro aquel extraño fuego. La fuerza de la juventud cuando el mundo era una roca a la que dar patadas en un escarchado día de invierno.
Mañana no vendrá a trabajar. Los ebrios tendrán que buscar en otro lugar mujeres a las que insultar. El estará con Dalia en el hospital donde la llevará malherida por tres hombres buenos.