La noticia


Cuando la mar está en calma trae muertos, rumiaba sentado sobre la roca a la que acudía todos los días a la caída de la tarde. Padre y hermano habían partido hace tres días. La noche era cerrada, sin luna ni gendarmería, y en la playa azul el silencio de la barca rompía la espuma tibia de las olas. Aquel hombre cimentado de desesperación le despidió con las manos frías del alba en sus mejillas de niño. Le dijo que cuidara de mamá y sus hermanas, y le sonrió alejándose en la oscuridad.
El estrecho tiene alma, Dios lo sabe, le dijo su abuelo por la mañana mientras su madre calentaba el desayuno. Solemne y callado lloraba por dentro en un rincón del salón, en una esquina de la vieja alfombra con su té caliente entre las manos. En el cielo no quedaban ya más nubes, sólo un espejo por donde el sol se iba apagando con lentitud buscando otro lugar en el mundo. Guardadas lejos quedan sus ardientes lágrimas.
Volviendo a casa encontró a su amigo Mohamed mirando por la ventana de su vecino que tenía la televisión española puesta. El Real Madrid ganaba tres a cero, le señaló entusiasmado. Cuando miró a la pantalla tan sólo vio el rostro de su papá muerto mientras un hombre hablaba y hablaba.
No pudo ver el segundo tiempo. La felicidad de los aficionados festejando el golazo en falta directa de aquel inglés. Fue el partido del año. Nadie pudo hablar de otra cosa al día siguiente. Fue la noticia.