El portero


La lluvia no había cesado desde que diera comienzo el encuentro en aquel barrizal infernal del norte. Durante los primeros ochenta minutos se había mantenido firme en su puesto sin encajar ningún gol. La semana pasada fue portada en toda la prensa del país tras anunciar que era gay. Nadie sabía como reaccionar, salvo los aficionados situados tras él que llevaban todo el partido llamándole maricón, y en los corners algún rival para descentrarle.
Los diez últimos minutos su equipo estaba asediando la portería rival con una furia increíble y por un momento dejó de pensar en el partido. Quizás las declaraciones aquellas fueron un poco forzadas. Si Aitor no se hubiera puesto tan pesado con aquello del compromiso. Que si se tenían que ver a escondidas como si fueran delincuentes, que si la familia no lo acepta ni el club ni la afición ni el país. ¿ Cómo podía soportar aquella presión?.
Y de pronto, aquel brasileño prodigioso salió de la nada y aún se pregunta cómo fue posible no verlo llegar. El efecto del balón era diabólico, pero parecía fácil de cazar. Y faltando dos minutos se le coló entre las piernas. La había cagado. Se quedó de rodillas en el barro mirando aquel maldito esférico parado tras la línea de cal e imaginó los titulares del lunes. “ Una loca jugada”. “ Se la metieron entre las piernas”.
Abrazado a su amor, aquella noche tardó un poco más de lo habitual en quedarse dormido y nada más.