
Faltaban dos minutos para las once en punto. La espera se me estaba haciendo eterna. El maldito cigarrillo se me había consumido entre los dedos y allí no pasaba nada. El sonido del motor al relentí resultaba extrañamente hipnótico. Por la calle caminaba la gente como cualquier otra mañana, pero allá estaba con ese maldito ruso que no decía absolutamente nada. Tenía la boca seca y se me habían acabado los caramelos de menta… ¡ Cuánto falta!. Cuarenta segundos me resulta todavía una eternidad al lado de éste tío tan feo. Joder, que mal huele. Hay un silencio extraño. No parece lunes.
Ha debido pasar algo. Ya es la hora y por aquí no aparece nadie. Mi acompañante se está empezando a poner nervioso. Ya ha mirado por dos veces el tiempo. Lleva un bonito reloj. Parece de oro, y bueno, no una de esas imitaciones baratas que trata de colarme Santos. Tengo un mal presentimiento. No me gusta que me empiecen a sudar las manos. Mierda, ha debido de pasar algo.
Mierda de plan perfecto, algo ha tenido que salir mal. Dentro de cuatro minutos y 20 segundos se nos echaran encima como una partida de orangutanes en celo. ¿ Cuánto más debo esperarles?. Este puto ruso no deja de mirarme, si por él fuera hace tiempo que se habría largado. No para de meter y sacar la mano de esa horrenda chaqueta. Ya son cuatro minutos. ¡ Vamos chicos!. ¿ Qué cojones pasa ahí dentro?. Debería haber pedido más dinero, el diez por ciento ahora mismo no me parece suficiente para los riesgos que estoy asumiendo. Será un trabajo fácil, suave… Joder, suave decía. Si éste imbécil no deja de hacer ruiditos golpeando el maldito anillo juro que le corto el dedo.
Tres minutos y treinta segundos. Voy a entrar, así sabré a que atenerme… Un minuto, no espero más. Me largo. Los estoy empezando a tener de corbata. Debería haber pedido al menos un veinte. Un veinte hubiera sido lo justo. El puto Dimitri se está poniendo tenso como un arpa. Creo que me ha pedido que arranque. Un minuto, no pienso dejarles más tiempo. En cualquier momento éste hijo de puta me pega un tiro en la boca. ¡ Esperaré un puto minuto, joder!.
Hay gasolina suficiente… Trato de no pensar demasiado, pero los segundos están cayendo lentamente. Pienso en mis doscientos treinta mil. Me llevaré a Borja a la playa. Creo que le gustará Elena, pero para eso primero tengo que salir de ésta. Dos minutos, cincuenta segundos. Cincuenta segundos y me piro. Agarro el volante con fuerza… Este tío acaba de sacar una automática. Debería arrancar ya. Mierda… ¡ Salir hijos de puta!. La calle parece tranquila. Vale, cuarenta segundos, ni uno más. El ruso loco parece que se tranquiliza. Joder, con lo bien que estaría ahora en la cama practicando la postura número dieciséis…
¡ Ya salen!. Venga, venga. Acelera cabrón…
Me gusta ver a mi hijo jugando en la playa con ella. Ahora que todo a pasado sudo sólo de pensarlo, creo que me tomaré otra cerveza. La camarera se acerca con sus contoneos cadenciosos… sexy. La he pedido otra cerveza y unas gambitas que están de muerte.
Ha debido pasar algo. Ya es la hora y por aquí no aparece nadie. Mi acompañante se está empezando a poner nervioso. Ya ha mirado por dos veces el tiempo. Lleva un bonito reloj. Parece de oro, y bueno, no una de esas imitaciones baratas que trata de colarme Santos. Tengo un mal presentimiento. No me gusta que me empiecen a sudar las manos. Mierda, ha debido de pasar algo.
Mierda de plan perfecto, algo ha tenido que salir mal. Dentro de cuatro minutos y 20 segundos se nos echaran encima como una partida de orangutanes en celo. ¿ Cuánto más debo esperarles?. Este puto ruso no deja de mirarme, si por él fuera hace tiempo que se habría largado. No para de meter y sacar la mano de esa horrenda chaqueta. Ya son cuatro minutos. ¡ Vamos chicos!. ¿ Qué cojones pasa ahí dentro?. Debería haber pedido más dinero, el diez por ciento ahora mismo no me parece suficiente para los riesgos que estoy asumiendo. Será un trabajo fácil, suave… Joder, suave decía. Si éste imbécil no deja de hacer ruiditos golpeando el maldito anillo juro que le corto el dedo.
Tres minutos y treinta segundos. Voy a entrar, así sabré a que atenerme… Un minuto, no espero más. Me largo. Los estoy empezando a tener de corbata. Debería haber pedido al menos un veinte. Un veinte hubiera sido lo justo. El puto Dimitri se está poniendo tenso como un arpa. Creo que me ha pedido que arranque. Un minuto, no pienso dejarles más tiempo. En cualquier momento éste hijo de puta me pega un tiro en la boca. ¡ Esperaré un puto minuto, joder!.
Hay gasolina suficiente… Trato de no pensar demasiado, pero los segundos están cayendo lentamente. Pienso en mis doscientos treinta mil. Me llevaré a Borja a la playa. Creo que le gustará Elena, pero para eso primero tengo que salir de ésta. Dos minutos, cincuenta segundos. Cincuenta segundos y me piro. Agarro el volante con fuerza… Este tío acaba de sacar una automática. Debería arrancar ya. Mierda… ¡ Salir hijos de puta!. La calle parece tranquila. Vale, cuarenta segundos, ni uno más. El ruso loco parece que se tranquiliza. Joder, con lo bien que estaría ahora en la cama practicando la postura número dieciséis…
¡ Ya salen!. Venga, venga. Acelera cabrón…
Me gusta ver a mi hijo jugando en la playa con ella. Ahora que todo a pasado sudo sólo de pensarlo, creo que me tomaré otra cerveza. La camarera se acerca con sus contoneos cadenciosos… sexy. La he pedido otra cerveza y unas gambitas que están de muerte.






5 comentarios:
Tomate esa cervecita tranquilo, pq ufffff 40 segundos a veces son eternos...
un abrazo
Qué estrés por favor!
jajaj
menos mal que ha pasado ya, no le deseo la experiencia a nadie, ahora ya paz
Me sigue gustando.
También la cerveza.
Tú angus, yo miura.
aterradores segundos :-)
abrazo
Publicar un comentario en la entrada