La guerra

Sale el ángel dibujado en el filo de un reflejo
Gritando vocablos de agua a los guerreros sordos y ciegos
Entrelazando las ubres del cielo con sus manos blancas
Pidiendo la paz a las balas silenciosas de cuerpos

Tiene el temblor de los tambores recitando a los caídos
El humo perdido de las cabalgaduras antiguas
La sed de los combates frente a helados ríos sin cauce
El eco atroz y furioso de la brisa escrita en la faz de la derrota

Brama la tormenta sobre hombres y recios metales
Estalla reluciente de músculos y venas llenas de muerte
Canta en las hojas de los árboles y en la puerta que se cierra
Los golpea en el pecho, una certeza hecha de mármol.

Caminan rumbo al sol los escuadrones purpúreos de flores
Sonríen los ruiseñores que negocian el amanecer nuestro de cada día
Las nubes pasan como los pensamientos en la noche
Las manos abiertas sudan oscuras llagas sin sangre ni sueños