El miedo de un chiquillo es una flor prematuramente secaEbria de apestosas lanzas en llanto mojadas
Y de madres taciturnas como sus lenguas destrozadas
Por temor al chirrido fiero tras la puerta
Todos los ángeles negados crujen sus huesos de cera
Para alumbrar los restos óseos del camino roto
Por donde ha de caminar con sus pasos menudos
El pequeño que marcha con sed hacia el portal
Debe morir de hambre la oscuridad perpetua
Como las manos abiertas y los puños ciegos
Como deben caer en picado cien pedazos de agua negra
Y ser libres los que quieren respirar arena y sal
Quedarán muchos ojos rojos de rabia y amanecer
Cuerpos devorados por tigres silenciosos de indiferencia
Reirán muchos días más los que aún no temen perder
Y los niños tristes ocuparán sus columpios de metal