
Mao sentía una enfermiza lujuria por las chicas jóvenes de las que decía le ayudaban a mantenerse joven en tanto que públicamente afirmaba que el amor era contrarrevolucionario. De hecho tocarse las piernas en plena revolución maoísta ya era poco menos que un repulsivo acto sexual. Efectivamente, hay dos cosas que jamás poseerán los dictadores, sea cual sea su color o altura, ( y no lo digo porque la mayoría sean bajitos, sino por su altura moral) una, sentido del humor, y dos, gónadas, al menos de manera pública: La consigna es silenciar los genitales, y a partir de esa censura es de donde surgen rocambolescas y hasta hilarantes anécdotas que maldita sea su gracia. Desde el cojón único, grande y puede que libre del general Franco hasta la ausencia de atributos masculinos de Hitler. De ahí quizás venga otra característica más a tener en cuenta de los dictadores: Su voz aflautada, casi núbil. Tal vez de ahí también esa mala leche que se gastan los muy cabrones, porque otra cosa no, pero reconozcámoslo follar relaja un huevo.
¿ Y quién dicta ahora nuestra nueva moral sexual?. ¿ Quienes son los nuevos nazis?. Los nuevos nazis… lo son de la moda, el cine y la televisión. Dos kilos de silicona es su svástica… afortunadamente el amor ya no es contrarrevolucionario sino utópico, como un axioma trasnochado y marxista. El nuevo “ ideal ario” es la búsqueda griálica de la llamada “ tableta de chocolate” y a los que no alcanzan esa novísima perfección se le envía por vía directa al ostracismo, una suerte de campo de concentración a medio camino entre la vulgaridad y el olvido. ¿ No os parece una dictadura?.
Y es sobre ésta nueva basura ideológica sobre la que un estúpido ejercito de modistillos, modelos al borde de la anorexia, actores, actrices, gacetilleros, tertulianos, cocinillas de diseño, pilatistas sorbemocos y otros “ enfermos mentales” han montado su mercadillo de compraventa de lo moralmente agraciado. Se permiten con total impunidad y desfachatez decir quien está in y quien está out. Si debes beber, si debes fumar, si debes comer tal o cual cosa… o debes drogarte hasta morir. La sandez de todo esto es que encima hay quien se lo cree, se cree la mentira bajo la que está toda una industria de la cosmética y la belleza con toda tu libertad para poder elegir siempre y cuando estés por debajo de la talla cuarenta. Para ellos somos tan sólo carne para consumir y nada más.