Disparé una cuartilla sin eco ni reflexiónAl soplo oscuro de tonos nocturnos
Un avergonzado retazo de lenta frustración
Que huérfano ardió como un seco ramaje
Los interrogantes nacieron cual enfebrecidos niños ciegos
Ásperos manjares que no me han interesado
Trazos de mesura desperdiciada
Que la certeza con muros construyera
Guiones, rectas… en enigmáticos cuadernos
Anotaciones templadas como negros y tensos cerros
Tintes fatuos mojarán los roncos versos
Escupidos en la última nota con algo sentido
Los almacenes del alma siguen vacíos
Dentro hay una caja de estiércol humano
Hojas y más hojas que sangran por ambos lados
Leídas por chiquillos y desbaratadas, majaderas altezas