La quietud

La quietud de mi perro que no sabe ladrar
La de mi ventana, la del jardín seco
La del verano tardío lleno de moscas
La del domingo de fútbol y copas
La del día que se va haciendo tarde en horas
El niño llora y el can mira a la lavadora
La alfombra está sucia, pasaré la aspiradora
Una mujer observa desde la terraza altanera
Un tren que se escucha tras una tapia sin sombra
Luce el sol llenito de frío, hecho de hielo
Mientras crujen los huesos del abuelo infinito
Se escapa el chico llorando ranas en pasos pequeños
El borracho duerme su sueño entre desvelos
Tras el tabique la vida suena a copla
El balbuceo enciende el fuego y calienta la sopa
Lloro por los que mueren donde tiran las bombas
Observo la vida impaciente escapando entre las olas
Pongo la tele y el cucú sueña amapolas
Dicen de los hombres malos y hacen risas ñoñas
Cumpleaños feliz, tócate la nariz, feliz como una perdiz
Y la poesía se destroza, se suicida, con un vacío perfecto
E infeliz se va haciendo el canto de la jornada
Se suceden follando un tropel de mágicas hadas
La quietud nos ha gratificado con estupendas goleadas
Alrededor de la guerra, el hambre, el paro… y la escarcha