Papel de cocina soplando en el espacio sonoroEl frío de la cena sobre el cristal llenito de cera
Las piernas suaves, a la vista de los desenfrenos
Pasa la mujer que sonríe de reojo al espantapájaros
La sonrisa cae de pie sobre un trozo de tiza bobo
Me agobia el jabón en la jabonera atizándome
Caen los copos de puré sobre los platos del ansia
Y a la pared de ladrillos verdes le da un calambre de ciudad
Florecen trozos de amanecer sobre el cuero de las hojas
Y la noche se ha ido de copas con la risa floja, no ha vuelto
El vidrio ha crecido entre las columnas absurdas de besos
Trae el aroma del café abandonado entre los versos
No leáis estás letras esclavas si no os interesan
Dejar en los patios los blancos balones para que jueguen
Los niños ocultos en el hueso de un pequeño milagro
Caen los rayos desde la tormenta que tus labios empiezan
Tienes rabia dentro porque la ves en el espejo de tu fracaso
No hay ni agua ni vino ni gaseosa ni refrescos
Nada te señala. Todo es silencio, algarada de pájaros muertos
El almuerzo sabe a tocino y caminata sin rumbo
Observas un caracol y ves que carece de la belleza del tigre
Sangras la metáfora hasta calarla en perla opaca
Ayuna el sacerdote gordo por el hambre en África
Colisionan las flores en medio de la tarde iluminada
Y el cosmos se deforma infinitamente ancho de farsas
Se hace silencio. Duerme. Escruta el sueño. Calla