En la soledad de la noche


La pena abrió el cristal
El músculo pávido pintado de dolor
Señalaba cada esquirla sentado en su letra
Enmudecía las fauces oscurecidamente asustadas
De las caderas de una hembra salen seis cuerdas
Trastes de piel bramidos, lamidos de barro
Manos torpes que hacen girar el cielo
Que enhebran los costados de sangre molida
De mariposas perfumadas en semen caduco
Quebrada de abrazos queda la luna partida por el rayo
Perdida la memoria exsangüe que ha vomitado
Un recuerdo perdurable en el útero descosido del alba
En inglés está hablando una placenta asustada
Con sus lentes esdrújulos y su sordidez de Prada
Su admirable feminidad de sentina de la Calcuta babilónica
Feroz, trozo de mesilla ilustrada, un punto y coma
Yugular neurótica, frenética, moribundamente africana
La risa abrió la puerta
Dejó la lluvia en el patio hacer estrellas fugaces
Palpitante como el grito de una vena esclava
Un potro que cabalga sobre las fachadas blancas
Un torvo y silencioso crujir de sábanas que mi sueño acaba