Sin tinta

Vértice / De pájaros encantados / Sin carne / En los huesos
Medio organismo / Grita / Entre alambres / Cercenado
Ha brotado / Un ser de luz / Engendrado / De tanto brillar

Mi visión del hombre


Hay quien me llamará cristiano de buffet libre por lo que voy a decir… Jesucristo siempre me ha parecido un personaje fascinante, arrebatador. Naturalmente el Jesucristo histórico, no esa representación grotesca y tenebrosa que nos muestran en cientos de catedrales, iglesias y parroquias a lo largo y ancho del orbe. Presumo que ese otro Jesús sencillo y cercano, sentiría vértigo si viese la magnitud que ha adquirido su figura bajo el peso de la historia, y quien sabe de cuantas cosas quizás renegaría. Supongo que ese es el Jesús en el que creo, el que anduvo en el mar como escribió Machado, lo otro es un cuento enfermizo de pesebres y milagros, de vaticanos y banqueros, sobre el que se aposentan miles y miles de negras conciencias ( y millones limpias limpísimas) y que da patente de corso para no creer a miles y miles de perdidos espíritus ( o no) que prefieren creer en Carl Sagan, cualquier estúpido político o simplemente en un par de tetas. No me importa si Jesús, como yo, descendía en línea directa del mono sapiens, la verdad no es esa, la única verdad fue su mensaje. No me importa si era judío, rabí, o un simple hombre más, lo que verdaderamente me interesa es saber cual era la profundidad de sus palabras y sobre que tierra pisaban sus pies. Si era moreno de piel, o tostado… si era rubio de largos cabellos y tenía los ojos profundamente azules, si brillaba con aureola o no… o si estaba coronado, me la trae al pairo. Cuando te sacudes de los pesados andamiajes de la religión y el ateismo, del mito y las mentiras del hombre, la verdad debería resplandecer… y sabemos realmente tan poco de él, siendo tan grande. ¡ Tan horrible y pequeña es la verdad!. Apenas un minúsculo grano de arena.
Para mí Jesucristo, simplemente es una inspiración. Que cada cual rece a su cruz, o no lo haga. El que quiera creer en tal o cual héroe o heroína que lo haga. El mundo seguirá girando, como lleva haciéndolo desde hace miles de años, y el universo seguirá expandiéndose y contrayéndose… Para mí quedará un extraño sentido de la vida que me hace ver milagros todos los días. Ver causalidades donde muchos otros ( “ lógicamente”) creen ver casualidades. Si Dios no existe… ¿ cómo es posible tanta belleza?. ¿ Y la maldad, la guerra…?. Dirán los que no creen… ¿ Eso no es también obra de Dios?. Bueno… puede ser, como puede ser la libertad, la evolución, Darwin, Hitler… o la mano del mono sapiens siempre dispuesta a golpear furiosa. En fin, dejémoslo como está, crucificado, inmóvil, y que cada cual piense y exprese lo que quiera pensar y expresar espontáneamente. Otro día más hablaremos y hablaremos del libre albedrío.

Trazas y pedazos

Ramas ferozmente batidas bajo tu vientre
Molidas sobre recuerdos de hogueras recientes
De quejumbrosas mujeres que gritan lluvia
Bajo puentes caídos que golpean el agua y la ternura

Noches llenas de caricias acabadas en luna
Traicionadas de estrellas que se ocultan ellas solas
Sábanas grises que trae la mañana oscura
Que desmonta el sol podrido tras cada nueva ola

Sonríen los gatos tras el cristal sucio que abre el paraíso
Saltan reclamando su lugar entre las nubes de fieltro cenizo
Corren los niños para ver pasar los payasos de ladrillo
Que Construyen las risas tintineantes de los que están escondidos

Salvajes vestigios azotan las costas lóbregas del cerebro
Incendian los almacenes donde habitan las princesas desahuciadas
Tengo un pedazo de felicidad que se me escapa de las manos
Que saciará de serpentinas al que espera enamorado

Retratos III

La guerra

Sale el ángel dibujado en el filo de un reflejo
Gritando vocablos de agua a los guerreros sordos y ciegos
Entrelazando las ubres del cielo con sus manos blancas
Pidiendo la paz a las balas silenciosas de cuerpos

Tiene el temblor de los tambores recitando a los caídos
El humo perdido de las cabalgaduras antiguas
La sed de los combates frente a helados ríos sin cauce
El eco atroz y furioso de la brisa escrita en la faz de la derrota

Brama la tormenta sobre hombres y recios metales
Estalla reluciente de músculos y venas llenas de muerte
Canta en las hojas de los árboles y en la puerta que se cierra
Los golpea en el pecho, una certeza hecha de mármol.

Caminan rumbo al sol los escuadrones purpúreos de flores
Sonríen los ruiseñores que negocian el amanecer nuestro de cada día
Las nubes pasan como los pensamientos en la noche
Las manos abiertas sudan oscuras llagas sin sangre ni sueños

Cuestión de prioridades


Hacia donde volcar todos nuestros a veces caóticos esfuerzos. ¿ Qué causa es más noble al espíritu humano?. ¿ Qué nos conmueve como seres individuales que somos?. ¿ La matanza de bebes foca por parte de esos malditos canadienses o la ablación del clítoris consentida todavía por parte de algunos regímenes del África más arcaica y machista a la que por cierto subvencionamos cooperando con ellos?. Todo se reduce a una simple cuestión de prioridades. Matanzas, hambrunas, limpiezas étnicas, supremacía, terrorismo, integrismo… en nombre de Dios o en nombre de la ciencia… o nombre de cualquier otra estupidez. El ser humano en su conjunto no es otra cosa que un atroz experimento de maldad que con contadas excepciones, ( un millón, diez o cien millones de individuos) busca causar el mayor daño posible, con o sin proponérselo. Para llegar a… ¿ dónde?. Y lo que me lleva a la pregunta que a mí a nivel particular más me interesa. ¿ Qué puedo hacer yo para cambiar lo que por otra parte ya es un irreversible camino de ida sin vuelta hacia el caos?.
¿ Si mi vecino sufre no le presto mi ayuda y en cambio me hago socio de una O.N.G. para lavar mi mala conciencia y colaborar en ayudar a quién seguramente lo precisa y está bastante peor que él a cinco mil kilómetros de aquí?. ¿ Dejo de proteger ecosistemas vitales para la vida en la tierra por dar de comer tres veces al día a un pobre niño que sufre una desnutrición severa?. ¿ Elijo entre una ballena jorobada y una joven mujer de Namibia a punto de que la joroben el clítoris?. Hay quien todavía cree en politicastros que resolverán aquí o a nivel global éstos problemas… mal asunto si esperamos algo de ellos. Yo ya sólo creo en la tremenda potencia del ser individual y de su fe, sea cual sea.
Cuestión de prioridades. ¿ Valen todas las muertes lo mismo?. ¿ Cuánto vale la de un niño en África y cuánto en Europa?. ¿ Cuánto vale la muerte de una mujer a manos de su marido?. ¿ Y la de un accidente de tráfico, cuánto vale?. ¿ Cuánto ha valido a nivel planetario la de Michael Jackson?. ¿ Qué precio le podríais a la de Picasso?.

La búsqueda imposible

Fermenta en mis manos el volumen deshidratado
Se hace espuma su tinta cargada de bramidos
Las voces se retuercen entre los pasillos
Es el cortejo de mil cristalinas bocas inertes

La fe es un jaguar volando con alas de seda
Una mariposa golpeada entre estancias vacías
Contemplo en el fondo de mis ansias tu goce
Escribiendo los renglones soñados de mis cicatrices

Golpeé con los ojos vueltos anoche a la amiga luna
La despellejé del agua saciante de tus entrañas
Dibujé los contornos místicos del lamento exacto
Me marché en el rocío sutil de un pensamiento

La televisión disparaba balones y melancolía
La piel arrugada de un silencio furiosa lloraba dentro
Era la crónica sin detalles de un muro imposible
El impasible delirio de un despertar delirante

La ventana


El niño miraba a través del tragaluz a un hombre postrado en una silla de ruedas. Tenía la cabeza echada hacia atrás y de su mano derecha caída colgaba un cordel negro que sujetaba una pequeña cruz de madera. En aquella habitación no había nada, salvo aquel extraño sentado en aquel término, en medio del cuarto. Todo era blanco allí dentro, de un blanco doloroso, inmaculado, brutal. Las paredes, el suelo de mármol reluciente, el techo, hasta su propio asiento era blanco.
El niño miraba a través del cristal limpísimo y cuanto más lo hacía más fuerte entraba por su pequeña nariz el olor a hospital que se respiraba allí dentro, pese a estar la ventana férreamente cerrada. De sus ojos comenzaron a caer lágrimas azules y brillantes que quemaban sus mejillas frías como el hielo. No era él, era el fino y caótico aguacero que caía torrencialmente sobre su cabeza. Sus parpados se iban cubriendo poco a poco de niebla mientras extendía su mano seca y hueca hacia el vidrio de la ventana donde las gotas resbalaban atropelladamente. No podía oír nada. Ni el chapoteo del agua, ni los truenos lejanos, ni tan siquiera los vehículos que circulaban por la calle principal… pero si podía sentir el dolor seco de aquel ser inerte dentro de propio cuerpo. Y entonces despertó en su cama y miró hacia la lumbrera, y aliviado sintió la tormenta cayendo con fuerza en la calle.

La bola de cristal


Un hombre sentado en una humilde silla observa embelesado su bola de cristal. Bajo una parra que le da sombra se sorprende viendo dentro de ella los remolinos de nebulosas en formación. Desde su fresco e idílico jardín no deja de sorprenderse una y mil veces de las altísimas temperaturas que alcanzan esos miles y miles de soles en constante evolución. La magia enigmática de los agujeros negros, la congestión cronológica de cientos de púlsares o el misterio arrebatador del plasma estelar. Los centauros, guerreros y animales que se dibujan en las estrellas, que trazan en el vacío del espacio su morada celeste. Los sueños de Galileo, de Copérnico… y tantos otros. Andrómeda, Orión… Las pléyades. La atroz devastación de millones de mundos y el nacimiento de otros muchos. ¿ Y dónde está?, a sí, ahí, en un rincón, La vía láctea, un jeroglífico lleno, completamente lleno de millares y millares de astros ignotos y refulgentes.
Y en una esquina de la galaxia, una minúscula estrella, nuestro sol. Un cuerpo celestial llamado algún día a terminar de arder como una gigante roja hasta consumirse. Pero de momento brilla en el centro de su sistema solar en todo su esplendor. En él puedo ver Plutón, apenas un trozo olvidado de hielo, junto a su luna Caronte, ni siquiera parece orbitar a su lado, parece más bien uno de esos viajeros extraños. Apenas un recuerdo del pasado. Y los grandes planetas que henchidos de gases y satélites parecen querer cortejar al poderoso ser de luz desde su gélida orbita, entre anillos de polvo y rocas, y el más magnánimo vuelta la cara hacia el infinito.
También puedo ver un recóndito cinturón de asteroides donde antes pudo haber un planetoide que quizás albergara vida, ¿ quién lo sabe?. Puedo ver Phobos y Deimos mirar su planeta rojo por toda la eternidad inútilmente…
Y a lo lejos mi vista se esfuerza por distinguir la tierra y a su fiel amiga la luna. Eterna enamorada de locos y poetas. Precursora ciega de las mareas y de los seres fantásticos que la aúllan. Si me acerco más puedo incluso admirar la serena belleza de sus desiertos y de sus altas cordilleras… Las ciudades y sus luminarias alumbraban sus noches y una sosegada quietud acompasaba sus días. Según me iba acercando podía ver las bandadas de aves volando hacía el sur y los carnívoros cazando en las llanuras abiertas. Y en un minúsculo retiro pude también vislumbrar a un hombre sentado en una humilde silla de madera que miraba embelesado una bola de cristal bajo una parra… Los remolinos de nebulosas en formación…