
Ya hemos entrado de pleno en el tercer año de bloqueo de la franja de Gaza, que unida a esa infausta operación militar que bautizaron como Plomo derretido a sumido aquel territorio en una pobreza extrema. Gaza se ha convertido en otro olvidado infierno donde los periodistas una vez cobrada la pieza han desaparecido. La comunidad internacional ha decidido mirar para otro lado y el impacto sobre la población local está resultando devastador. Han priorizados los objetivos políticos frente a las necesidades de las personas, se han machacado sistemáticamente sus derechos, para mantener amordazados a los perros de Israel, los fieles aliados de Obama en una zona convulsionada entre el integrismo feroz de algunos países limítrofes y la tibieza de otros tantos, todos ellos en la órbita islámica. Y en tanto, en esa cárcel, en ese parque temático del horror cotidiano, se está larvando con fuerza inusitada y odio enfebrecido la próxima generación de suicidas, entre el hambre y una total falta de esperanza en el futuro más incierto.
Más tarde llegará el momento de las lamentaciones, pero ahora, ¿ qué se está haciendo por la paz en ese olvidado rincón del mundo?. Nada. Absolutamente nada. Dejarlo como una escombrera, un puntual campo de adiestramiento para que los jóvenes pilotos judios practiquen ocasionalmente el tiro al blanco ( los túneles de Hamás que unas veces llevan armas, y las más, alimentos), y a fe que lo bordan los hijos de puta.








