Asueto


Hoy me he ido a pasear por las afueras. Es lo ideal, un día entre semana. ( Un placer que no todos pueden permitirse) Es lo que tiene ser tu propio jefe. Lo necesitaba. Precisaba ver los estragos de mi propia alma. Pasear por el campo en invierno, es un lujo. Ver correr a tu perro, tan aburrido como tú, de la ciudad. Ver el río, en la montaña, transitar caudaloso y libre. Sentir el frío, en la cara y en las manos. Sentir que no pasa nada, que todo está bien, que no hay problemas.
He decidido concederme una jornada de tregua. No ver informativos. No leer periódicos. No ver a nadie… y hasta, ¡ desconectar el móvil!. Sólo escribo sin más… sentado bajo una enorme encina, a la orilla del arroyo, y después abriré el tupper y comeré unos macarrones a la siciliana que me preparé ésta mañana a toda velocidad. Y éste es mi plan perfecto. Almorzar tranquilamente junto a mi amigo peludo, para el que he traído algo de pienso y con quien comparto una gran botella de agua mineral. Todo está bien. El planeta sigue girando a través de la bóveda celeste. Así, debe ver Dios el mundo. Inconsciente y feliz, en un día eterno… pero, para mí, llegará inexorable la hora de volver. De leer el periódico. De escuchar las noticias. De hablar con los míos… Y de continuar tantas, y tantas rutinas, que me esperan en la capital.