La ley de la relatividad


Cada vez que empieza un nuevo año, siempre tengo la misma sensación de que no pasa nada, pero es una quietud falsa. Guerras, hambre, genocidios, violaciones, enfermedades, asolan el mundo, pero en mi jardín no se mueven las hojas, ni siquiera corre el viento. Hoy, ( ayer) mientras escribo esto, ha muerto a manos de su pareja, la primera mujer víctima de la violencia machista del año 2.010 en España, y hoy también, ( ayer) dieciséis mil niños morirán de hambre en el mundo. El año pasado han muerto por violencia domestica en España un 40% menos de mujeres que en año anterior, y la F.A.O. no tiene recursos para mantener el programa mundial de alimentos más allá de los próximos cinco meses. Todo es relativo, como dice un amigo mío, dolorosa y cruelmente relativo. No estamos concienciados de la misma manera con todas las causas ni nos importan ni tocan lo mismo.

Como he oído decir a cierto presidente de un club de fútbol español, es una tragedia que un deportista tenga que dejar su profesión por problemas cardíacos. O como ha dicho cierta actriz de renombre, es trágico pasar por una separación, sólo los que lo han pasado lo saben. En cambio, oí el otro día decir a los padres de un niño con fibrosis quística, la alegría que tienen cada día al ver sonreír a su pequeño. O la felicidad que se puede experimentar al observar a un niño de Mali jugar y reír sin sus piernas, y ver como se sorprende cuando ve como unos extraños médicos europeos le han llevado unas piernas nuevas y mágicas… Supongo que es La ley de la relatividad.