Azar cotidiano

Las letras se pegaban unas a otras para darse calor
Para morir heridas en medio de la tempestad
Sentía correr el grifo del agua caliente
A través de la ventana veía doblarse las ramas
Gritan las hojas que agita duramente el invierno
Veo las naranjas podridas correr calle abajo
El hombre envejecido cojea tras ellas con su esperpento
El hielo se ha hecho agua después de amanecido
La madera de mi jardín tiene la risa apretada
Descansa el perro bajo la mesa donde escribo
Los cacharros de la cena de anoche ya están fregados
El sol brilla lanzando cuchillos al cuerpo
La niña crece sana y fuerte en su cuna
El móvil parpadea y brilla en la mesilla
El can perezoso se levanta a ver que pasa
Escribo en trazos gruesos, sin brillo, cansado de palabras
Las líneas, las sílabas, me agobian como lanzas
Mucho antes se rompieron los párrafos de hueso helados
No envidio el brillo de la luna lunática
Tan sólo el café
Que a media tarde se toma entre las estrellas
Me voy a empujar un cóctel en agitadas copas de brea
Cariño, ¡ cuánto frío hace afuera!. ¿ Todavía?
¿ Por qué tengo las entrañas muertas?. Llamada en espera
He perdido mis ojos mirando
Lejos están los heraldos de la primavera