
Ésta mañana me he levantado con superpoderes en la punta de los dedos. Simplemente tenía que chascar los pulgares y mis más oscuros deseos, y algunos blancos, se convertían en realidad por obra y gracia del espíritu santo o el hada de los pulgares, vete tú a saber. Como no soy ambicioso lo primero que he pedido, ha sido un cappuccino… y zas, en un pispás, un delicioso café italiano se ha materializado ante mí, cremoso y buenísimo. Lo mejor para empezar bien el día... después de echar un polvete.
Después de degustarlo despacio, me ha venido a la cabeza, así, como la cosa más natural del mundo, que podía hacer algo por los demás… y en un gesto, que no sé si me honra, he decidido borrar de un plumazo todas las instalaciones nucleares de España, así como esas malditas centrales térmicas que no paran de quemar combustibles fósiles y producir CO2. Chasqué los dedos de nuevo, y… ¡ mierda!, me quedé a oscuras. ¡ Qué frío!. La calefacción, el microondas, la vitro, ¡ internet!.... ¡¡¡ Internet!!!. Parecía Enjuto Mojamuto. Pensé en esos pobres que despotrican desde sus blogs sobre los peligros del átomo y el calentamiento global. ¡ Qué iban a hacer ahora!, sin poderse explayar a gusto. Bueno, siempre le podremos comprar la electricidad a Francia… la amada, libertina y nuclear Francia. La de la rebaba.
Decidí volver a tronar los dedos, y pedí llenar el país de molinos de viento y huertos solares; así es, una placa solar en cada hogar y hasta un molino de viento encima de la giralda, girando, y girando, y girando sus aspas. Pero nada, ni por esas, estaba nevando en todas partes, y todo Dios tenía puesta la calefacción a tope. Encendidos los televisores y ordenadores, rajando como posesos en incendiarias tertulias sobre ATCs y otras yerbas… las vitros cocinando, las planchas planchando, las aspiradoras… Nada, la luz no se encendía, por más molinos que pusiera de norte a sur situados, cruzando la península de un extremo a otro. Mi plan perfecto y sostenible no marchaba.
Un poco apesadumbrado volví a chascar los dedos, no hay problema que no solucione un buen cappuccino, pero resulto decepcionante comprobar, que ya no me sabía igual con la leche fría. Así que les di marcha a los pulgares por última vez y decidí dejar las cosas como estaban. Tomé una buena ducha, con agüita bien caliente, y me preparé un expreso bien cargado. Más tarde, encendí el portátil, y me puse a leer a una chica que hablaba desde su blog de sostenibilidad y energías alternativas, y que abogaba por el cierre de todas las centrales nucleares y térmicas, y la potenciación de las llamadas: Energías limpias… Sabéis que pienso… pues... ¡ coño!, ¡ qué tenía toda la maldita razón!. Solar, biomasa, eólica… toda la razón. Hagamos una fiesta. ¡ Nucleares, no!. ¡ Nucleares, no!. Yo como soy malo… me disfrazaré de isótopo… y ojito conmigo chinos, que lo mismo os hago desaparecer el carbón, y hundo vuestra emergente economía de mierda, pero sin CO2, tengo menos mano izquierda que Cervantes.
Después de degustarlo despacio, me ha venido a la cabeza, así, como la cosa más natural del mundo, que podía hacer algo por los demás… y en un gesto, que no sé si me honra, he decidido borrar de un plumazo todas las instalaciones nucleares de España, así como esas malditas centrales térmicas que no paran de quemar combustibles fósiles y producir CO2. Chasqué los dedos de nuevo, y… ¡ mierda!, me quedé a oscuras. ¡ Qué frío!. La calefacción, el microondas, la vitro, ¡ internet!.... ¡¡¡ Internet!!!. Parecía Enjuto Mojamuto. Pensé en esos pobres que despotrican desde sus blogs sobre los peligros del átomo y el calentamiento global. ¡ Qué iban a hacer ahora!, sin poderse explayar a gusto. Bueno, siempre le podremos comprar la electricidad a Francia… la amada, libertina y nuclear Francia. La de la rebaba.
Decidí volver a tronar los dedos, y pedí llenar el país de molinos de viento y huertos solares; así es, una placa solar en cada hogar y hasta un molino de viento encima de la giralda, girando, y girando, y girando sus aspas. Pero nada, ni por esas, estaba nevando en todas partes, y todo Dios tenía puesta la calefacción a tope. Encendidos los televisores y ordenadores, rajando como posesos en incendiarias tertulias sobre ATCs y otras yerbas… las vitros cocinando, las planchas planchando, las aspiradoras… Nada, la luz no se encendía, por más molinos que pusiera de norte a sur situados, cruzando la península de un extremo a otro. Mi plan perfecto y sostenible no marchaba.
Un poco apesadumbrado volví a chascar los dedos, no hay problema que no solucione un buen cappuccino, pero resulto decepcionante comprobar, que ya no me sabía igual con la leche fría. Así que les di marcha a los pulgares por última vez y decidí dejar las cosas como estaban. Tomé una buena ducha, con agüita bien caliente, y me preparé un expreso bien cargado. Más tarde, encendí el portátil, y me puse a leer a una chica que hablaba desde su blog de sostenibilidad y energías alternativas, y que abogaba por el cierre de todas las centrales nucleares y térmicas, y la potenciación de las llamadas: Energías limpias… Sabéis que pienso… pues... ¡ coño!, ¡ qué tenía toda la maldita razón!. Solar, biomasa, eólica… toda la razón. Hagamos una fiesta. ¡ Nucleares, no!. ¡ Nucleares, no!. Yo como soy malo… me disfrazaré de isótopo… y ojito conmigo chinos, que lo mismo os hago desaparecer el carbón, y hundo vuestra emergente economía de mierda, pero sin CO2, tengo menos mano izquierda que Cervantes.