Se apagan las palmas de las manosTenues velas libérrimas
Cortinajes que velan los ojos
Fantasías escritas en el jardín esmeralda
Desde mi vida trazada indeleble
Una suspendida cárcel sin rejas
Veo pasar de los hombres las sombras
Envueltas en un albornoz de ideas risueñas
Las rectas van doblándose quemadas, negras
El hollín de las curvas trae requiebros bordados
Lluvia que cae fina como distraída en pétalos
La bestia grita dentro del hueso
Mi brazo cincela tu deseo retenido
No importa lo que digan... los que muerden pieles
Sus dientes están dibujados de cobras
Se apilan como un pelotón de varices
Fusilando con sus miradas la carne inocente
Castrando las flores silvestres, a veces
En la primavera sucia hay princesas perdidas
El aire no está limpio, sólo amargo
Los pensamientos traen los matices
El adiós es recuerdo efímero
El invierno se posa sobre la rama caliente
Tenía algo que decir, demasiado tarde
El amor es bastardo, azul… oceánico