Banalidad


El ser humano es inoportuno y banal. Un día discute acaloradamente con sus semejantes, casi en cólera, sobre las vicisitudes procesales del Juez Baltasar Garzón, y al siguiente… sobre la muerte de Ángel Cristo o vete tú a saber que chorradas… pero, así son las cosas. Te entran precisamente las ganas de ir al maldito lavabo a evacuar tus desechos orgánicos… ¡ a cagar!, vaya… justamente cuando tu pareja se está duchando. Aunque no lo parezca, hay en ello un dilema moral. ( El de… ¿ por qué no?, y lo engorroso y molesto que es ducharse oliendo a mierda)
Tenía un amigo, hace muchos años, que solía decir que el mundo se divide entre aquellos que cantan en la ducha… y los que se masturban en ella… ( Supongo, que los que se mean o no se duchan nunca… están en otra división) ¡ Malditas dos españas!, o algo más universal… la banalidad y la inoportunidad del homo ¿ sapiens?. La eterna y estúpida mitosis del pensamiento humanístico: Derecha e izquierda, carnívoros y vegetarianos, de Boca o de River, Madrid o Barcelona, hombres o mujeres… las de Venus y los de Marte. El “ dilema” supongo que termina cuando tu mujer sale del cuarto de baño. Después, que placer más descansado… pero, queda flotando la duda… esa incertidumbre banal de buena mañana, medio nublada y seca.



Vaya... con Ratzinger Z, así que el tercer secreto de Fátima era el de la pederastia en el seno de la Santa madre iglesia. ¡ Redios!.