
Cada día, cuenta. Cada día la aventura vuelve a empezar. Soy afortunado. Cada mañana cuando me despierto, tengo la inmensa suerte de que la ventana de mi dormitorio da a un colegio donde aprenden niños especiales… críos con retraso mental o Síndrome de Down, por ejemplo, así como otros… con todo tipo de minusvalías psíquicas o sensoriales. Son las mejores vistas del mundo, ni un amanecer en Bali ni una puesta de sol junto al Tal Mahal. Según abro el tragaluz, sube hasta arriba la algarabía de los pequeños y mi perro que las más de las veces duerme plácidamente… se levanta de golpe entre asustado y somnoliento, y empieza y no para de ladrar. Es el estimulante principio de cada nueva jornada, entre el repicar de la campana de la iglesia y ese alegre romperse el silencio del sueño que traen esas inocentes criaturas. Es mi zen particular.
Cada día, cuenta. Cuenta el cielo azul y las nubes que pasan distraídas por lo alto. Cuenta tener manos para escribir, agua corriente para ducharse y beber, mente y cuerpo para trabajar, ojos para observar correr a mi fiel can entre las flores cuando lo saco a pasear… Cada día hay motivos para vivir, para reír… aunque nos jodan, y nos jodan… y no paren de jodernos. Cada día, cuenta para amar… a la pareja, a los hijos, a los padres, al silencio… o a todo lo demás. Cada día, el mundo es un lugar, un poco más desapacible, más oscuro, más siniestro y más difícil… por eso, quiero sonreír inconsciente y feliz, como esos niños “ especiales” y ver el mundo con la luz del sol pegándome en la cara. ( Y las emociones palpitando alrededor)
Cada día, cuenta. Cuenta el cielo azul y las nubes que pasan distraídas por lo alto. Cuenta tener manos para escribir, agua corriente para ducharse y beber, mente y cuerpo para trabajar, ojos para observar correr a mi fiel can entre las flores cuando lo saco a pasear… Cada día hay motivos para vivir, para reír… aunque nos jodan, y nos jodan… y no paren de jodernos. Cada día, cuenta para amar… a la pareja, a los hijos, a los padres, al silencio… o a todo lo demás. Cada día, el mundo es un lugar, un poco más desapacible, más oscuro, más siniestro y más difícil… por eso, quiero sonreír inconsciente y feliz, como esos niños “ especiales” y ver el mundo con la luz del sol pegándome en la cara. ( Y las emociones palpitando alrededor)