
Al personal no le gusta sentirse culpable, aunque todos seamos culpables de la mierda de mundo en el que vivimos. Alimentamos las desigualdades, despreciamos a los que son diferentes, juzgamos ávidamente los errores de los demás… y “ semos” magnánimos con nosotros mismos. “ Semos” unas joyas. Somos hipócritas, acojonados, acomplejados, envidiosos… y sólo El señor sabe cuantas cosas… y lo que resulta aún más irónico, nos movemos aquí y allá queriendo dar la imagen perfecta mientras criticamos a fulanita que está gorda, a menganito que lleva una corbata horrible que no quieras tú ver… o a sultanito, que antes iba de socialista viejo vistiendo chaqueta de pana con coderas, y ahora ni te dirige la palabra cuando vas y le saludas. Lucimos cual estrellas rutilantes y efervescentes en ésta mediocridad general.
El problema radica en que no nos vestimos por los pies sino por los ojos de los demás. Nos permitimos el lujo de criticar las vidas y las ideas ajenas, sean las que sean, sin dar al diferente la opción siquiera de explicarse. El diálogo es cosa de progres, y los “ progres” son como todo el mundo sabe unos apesebrados medradores que no siguen nuestro credo blanco, católico, nacional... de orden y paz. ( Y si vamos de marxistas... y sabemos encima que significa el serlo, es peor todavía. No tenemos perdón de Dios... un dios, el que sea. Si es bajito mejor... así lo caneamos entre todos)
Los más capaces, los mejores… deben mandar, y el resto… simplemente obedecer sin más, limpiar mi casa, servirme el café en el bar, echar gasolina a mi vehículo… Meter a los tontos de baba en una cámara de gas… ¡ no!, por favor, ¡ qué barbaridad!... que eso es cosa de nazis malos, malísimos, caca... pero, sí apartarlos… y educarlos, para que nos rieguen las flores de los jardines públicos, y no molesten mucho. Así, mientras los de la clase baja, los parias… nos sirven el desayuno… nosotros justificamos tal crimen en nombre del Estado de Israel, o nos oponemos a todo lo huela a política social de lejos… es un tosco ejemplo. ¡ Qué más da otra barbaridad!.
¿ Éste es el mundo feliz?. Pues sí, al menos para algunos. Níveo, nihilista, divertido, delicioso, occidental, empresarial, tecnológico… sin importarnos un coño, quien monte en el tercer mundo los juguetes de alegran a nuestros hijos, o con quien se experimenten los medicamentos que nos curan, o cual veneno asesina secretamente a cientos de niños a la vez que lubrica los ejes de nuestro entretenimiento en las diarias travesías. La nauseabunda peste de la política lo cubre todo... cuando defeca nuestro zoon politikon.
El problema radica en que no nos vestimos por los pies sino por los ojos de los demás. Nos permitimos el lujo de criticar las vidas y las ideas ajenas, sean las que sean, sin dar al diferente la opción siquiera de explicarse. El diálogo es cosa de progres, y los “ progres” son como todo el mundo sabe unos apesebrados medradores que no siguen nuestro credo blanco, católico, nacional... de orden y paz. ( Y si vamos de marxistas... y sabemos encima que significa el serlo, es peor todavía. No tenemos perdón de Dios... un dios, el que sea. Si es bajito mejor... así lo caneamos entre todos)
Los más capaces, los mejores… deben mandar, y el resto… simplemente obedecer sin más, limpiar mi casa, servirme el café en el bar, echar gasolina a mi vehículo… Meter a los tontos de baba en una cámara de gas… ¡ no!, por favor, ¡ qué barbaridad!... que eso es cosa de nazis malos, malísimos, caca... pero, sí apartarlos… y educarlos, para que nos rieguen las flores de los jardines públicos, y no molesten mucho. Así, mientras los de la clase baja, los parias… nos sirven el desayuno… nosotros justificamos tal crimen en nombre del Estado de Israel, o nos oponemos a todo lo huela a política social de lejos… es un tosco ejemplo. ¡ Qué más da otra barbaridad!.
¿ Éste es el mundo feliz?. Pues sí, al menos para algunos. Níveo, nihilista, divertido, delicioso, occidental, empresarial, tecnológico… sin importarnos un coño, quien monte en el tercer mundo los juguetes de alegran a nuestros hijos, o con quien se experimenten los medicamentos que nos curan, o cual veneno asesina secretamente a cientos de niños a la vez que lubrica los ejes de nuestro entretenimiento en las diarias travesías. La nauseabunda peste de la política lo cubre todo... cuando defeca nuestro zoon politikon.