Momentos particulares


La realidad no está en lo que sabemos, en lo que conocemos, si no en aquello que nos es incógnito e inexplorado. Cuantos descubrimientos y avances tecnológicos aun no son del saber y dominio público, cuantas enfermedades incurables están diezmando la población del globo para las que tal vez ya hay cura… cuantos gobiernos planetarios son títeres de especuladores sin escrúpulos con intereses financieros y económicos, etc…, etc…, etc… La verdad, para ser realmente honesto... me la repanpinfla.
Ahora que llega el veranito, prefiero tomarme un heladito doble de tiramisú sentado frente al mar viendo atardecer, que saber de la existencia en un laboratorio de Montana, sin Hannah, donde han logrado el milagro de la teletransportación, por ejemplo. No cambio, desde luego, ver correr a mi perro entre las flores y las mariposas, o comerme un plato de patatas fritas… por el desciframiento de todos los genomas del mundo, incluido el de la mosca del vinagre… o la cura para los males de La roja en los mundiales. ( El fatalismo va con nosotros como los mosquitos al buen tiempo y la humedad)
Hay quien me llamará egoísta, y probablemente lo soy… claro ésta, esto es únicamente la divagación de ciertos instantes muy particulares. Que es la vida salvo un frenesí pecador… momentos, livianos momentos… besos, abrazos, llantos, risas, soledades y encuentros. Encuentros furtivos… y otros, largos… prolongados y felices. No me hablen hoy del Bilderberg y su puta madre. De los zapateros u obamas… hoy brilla el sol y me apetece una cervecita helada. Por mí, que se pare el mundo... o que estalle, me es igual.

Divagacación

Porque dos tontos, o tres digan la misma jodida cosa… no dicen más verdad. Las líneas se amontonan, y las ideas se diluyen cual azucarillos en el espeso café de la mañana, bien temprano. Algunos aspiran a ser el guardián entre el “ heno”, ( de Pravia) o mejor entre la paja… el pajote burdo y grueso… ¡ Qué irónico!. Suena a trompetas de seis arcángeles tomados. A juicio final de meritorios, tal vez reunión de alcohólicos unánimes y reconocidos. Que aburrido círculo, es aquel en el cual no hay matices reconocibles. ¿ A qué aspiramos?. A la medalla de plata, a la presea de chocolate… a no entender nada… no entendemos nada… será porque sabemos demasiado, tal vez a tocino.
Somos lo que somos, somos lo que hacemos, somos... lo que más o menos, decimos… “ Semos” reconocidos por nuestros errores, los simples “ meritos” de la mediocridad. Es un andar en círculos ridículos, silbando Penny Lane con lonchas de jamón ibérico, con los cables de la batería conectados a las venas, y el corazón bombeando horchata en vez de sangre.
¡ Qué agobio!. Te duchas tres veces al día y no te quitas semejante mugre de encima. La hierba crece y crece, no te la puedes fumar toda, pero sirve para esconderlos brevemente aunque se les distinga de lejos con esas relucientes crestas de gallitos que templan espuelas y velan armas en espera de algún agujero donde meterla a respirar. ( Me refiero a la boca, naturalmente) Que malo es cuando el cerebro nos dice: Cerrado por vacaciones, chato.