Valores a la baja


Todo ser humano es un valor intrínseco. Tiene una mente diferente, que piensa y siente, que desea y anhela en el fondo las mismas cosas que cualquiera de nosotros. Entonces, porque todo ese odio irracional, porque todo ese querer mostrar las diferencias. Me fascina el… yo soy listo, yo soy el más listo, y tú eres tonto… fulanita de tal es una guarra, es puta… y, ¡ reputa!. Lo ancho para mí, y lo estrecho para ti. Yo sé, y tú sabes… a tocino. Todo eso… ¿ es por qué estamos hechos de Cristal de Bohemia?. Me pregunto que pasa si chasqueo los dedos… y no pasa nada, a mí alrededor todo es silencio, el necio silencio de la ineptitud, de lo que no interesa.
Lo que importa, es una suerte de paraíso artificial donde las cosas tienen que rozar la perfección, una belleza de ecuación simple donde faltar al respeto es la norma. Donde papeles y timbres, timbres y papeles… nos digan la verdad que deseamos oír. Estoy casado. Soy biólogo. Tengo un amplísimo “ memovolumen” diesel. Estoy cuerdo, lo dice éste certificado. Soy miembro del club de fútbol X, y del spa más chic de la ciudad… y tú, ¡ no!. Hay quién precisa títulos para afianzar su confianza y saberse superior… ya sea en nobleza, aunque sea baturra… o en peonías académicas.
Yo soy. Tú no eres. El es mi jefe… ya sabes, y aunque tonto le como la… Desprecio e impericia. Envidia y catarsis. Todo ser humano, y cada día más, es un valor a la baja. Una cotización destinada a desaparecer. La humanidad es un concepto cada vez más vacío. Somos primates estúpidos que nos amamántanos de desprecios al prójimo dentro de ese territorio que adoramos: La competitividad.