Estado de un sitio


Algunas veces, escribir en los márgenes de la subsistencia tus pasos, te da una visión global del conjunto. Del amor, del odio, de las personas… Escribir es lo que tiene, es como una enfermedad, pero no de transmisión sexual, salvo en el caso de Sánchez Dragó… que debe de tener orgasmos sustantivos mientras lo hace. ¡ Jo, qué tío!. Te preguntas por la utilidad de algunos escalones que no suben a ninguna parte, y por los tipos que los subieron alguna vez… que no iban a ningún sitio, y por tí mismo. Es domingo por la mañana, y te has levantado tarde. El calor es ya insoportable. La cotidianidad. La calma… Los malditos críos aúllan en el parque, el país se emociona con una nueva hazaña de sus deportistas… y ya se percibe por doquier el aroma de las cocinas preparando el condumio dominical. Los bares y las terracitas lucen un llenazo espectacular. Es esa hora, entre la tradición y algo que no se muy bien como llamarlo, del aperitivo, pero hoy todo me suena a chino… las llamadas del móvil, los chapoteos del agua de las piscinas, los maullidos del algún jodido gato callejero… Me siento en una suerte de Estado de sitio mental donde todo, absolutamente todo parece desmoronarse a mí alrededor… mas, dentro de un orden complejo… un inverosímil desconcierto táctico.
Doy vueltas a las letras, como a la manzana de la imaginación… intentando hallar algo de cordura que me dicte los designios de éste extraño caminar. Contemplo las cosas sin mezclarme con ellas. Me siento como el aceite sobre el agua. Amarillo, liviano, perfumado… Tengo un ligerísimo dolor en la quijotera que apenas me molesta, más bien me sirve de acompañamiento. En fin, que todo está bien. Supongo que así deberían de ser todas las cosas, siempre. La realidad no dura. Luego, más tarde, vendrán los días de caviar… y me reiré estúpido sobre una escalera dorada. La vida es así de hija de puta… observo, tan sólo eso… observo los contornos, ésta sopa fría, éste gazpacho lleno de magia y tropezones. Alguien habla, y habla, y habla…
¡ Vaya!, en el correo tengo una extraña invitación, me planteo que hacer y examino todas las posibilidades. Me evado… un rato, y sigo mi camino. Nada parece diferente. Todo sigue igual. Ésta mierda resulta agotadora. Todo… borroso de nuevo.