La marea


Estos son días de resaca y copas doradas. ( Que no de lluvia) De abrazar hasta las farolas… y de exaltación de la amistad. ( Y hasta del inconmensurable espíritu patrio) De gritar como perturbados, auténticos posesos… “ pos eso”, poseídos… eso tan, tan, tan… de: Yo, soy… español, español, español… sin que ya nadie se sienta molesto, ni jodido, ni cabreado… ni “ ofendido”… porque a veintitrés millonarios españoles les vayan a atizar del vellón seiscientos mil euros por los servicios prestados y haber traído al solar ibérico, más concretamente a España, la Copa del Mundo de Fútbol. Los cabrones son los del metro… que hacen huelga, y hasta huelga salvaje… y no quieren apechugar como el resto de la ciudadanía con la crisis… y bajarse el sueldo en un uno, o un uno y medio por ciento. Lo dicho, que hijos de puta. ( Pertubar de ésta manera, nuestra felicidad colectiva)
Estos son días de exaltación nacionalista catalana o española. ¿ Hay diferencia?. Hay quien todavía el concepto de la " aldea global" no lo tiene del todo claro… y sigue perdido en la aldea de Asterix asando el jabalí, al calor de las eventuales pociones mágicas de algún druida iluminado, algún Panoramix político que senyera en mano o envuelto en la enseña nacional… le señale el camino anchamente estrecho a seguir. Las huestes espartanas, ya se sabe, son cazurras y dadas al alarido sinérgico. Entre tanto, hay que ver lo que nos gusta una fiesta… y si esto ayuda a que despeguemos, que así sea. Encendamos el gran petardo nacional y bailemos al son de Manolo Escobar… y que… ¡ Viva España!. Yo, por mi lado, me enfundo la roja… con el número de Xavi y me tomo unas cervecitas hasta que pase toda la marea.