
Nada como nadar sin nada en los bolsillos de la imaginación. Desnudo como la verdad. ( Con los testículos volanderos y volteándose a contracorriente, fresquitos… cual dos cacahuetes, dos lanudos hippies encogidos…) Chapoteando por aguas turbias y veladas en donde acecha el Gran blanco. Ese terror sin nombre, más nuestro… que público, que hace las más de las veces de autocensor… con derecho a veto autocomplaciente, casi un onanismo de piruetas lingüísticas. Mojado vienes… y vas ejercitando un sarcasmo de andar por casa… cómodas zapatillas de felpa irónica que te dejan las entrañas frías. Y la leña del verbo, no hace hogar… únicamente vacío de páginas que suenan a desagüe atascado… ¡ No!... a punto de atascarse. Drenaje de lirios pretéritos, de inaccesibles contrapuertas obstruidas antes de tiempo. El mordisco de la vida es silencioso – y sabroso- cual un pedo de novicia. No lo ves venir. Te cercenó mientras reías en el cero infinito universal, el espacio matemático y sincrético de un átomo de lucidez. Nada, sigue nadando… no dejes de nadar, en ésta nada… que nada significa. ¡ Todo!. Pues lo importante es lo accesorio… y lo accesorio, tan sólo eso… un acceso a La nada. Y si en carámbano se ha endurecido tu anatomía más íntima… esa imperturbable acritud impávida, desEstructura tu rostro impenetrable. Dispón el ego en la trituradora del karma… y a otra cosa, mariposa.
Nada es verdad, si no la verdad misma… en la que no nadas, te ahogas. No dices lo que piensas… si no lo que pensabas ayer, antes de tiempo… Obstruido. Todo tiene sentido, si no se piensa demasiado… si se piensa demasiado, la sabiduría te dejará en las vísperas de La ignorancia esquina a La barbarie. ( O tres calles más arriba) La verdad es de rima fácil, y se deja meter mano… Te la puedes tirar, en todo instante… Tacones de aguja arriba mirando al techo y desaparece… te has quedado como un pingüino la noche de bodas, con los pantalones por los tobillos. La ridícula estampa de un sabio Salomón que busca una candela cenital en mitad del páramo. Gastas palabras… abundantes, inicuas, infames… farragosas. No ves el universo en la cabeza del alfiler… Te has dejado las gafas de ver en la mesilla de noche junto a tus sueños sin desleír. Ríe payaso, ríe… que algún suicida buscando vírgenes en el paraíso ha puesto una bomba frente a una guardería de futuros déspotas. ¿ Falta alguna morcilla, Cebolla?.
Lees a algún Rimpochéeeee, al Che… del partido del Che… l… sea, la verdad… la que tienes delante de tus ojos… ¿ cómo sabes qué estos no te engañan?. No hay silencio. Notas que aturden los sentidos. Pían los pájaros. El vecino taladra la pared. ( El vecino “ siempre” taladra la pared…) Nadas… sin guardar la ropa. El caballo de tu imaginación se ha desbocado. Todo son ladrillos que unos sobre otros hacen muro. Del caos viene la danza. La vida es otra eterna justificación, una torrentera interminable de nadas paralelas donde no nadas, tan sólo te mojas los pies… donde cada nuevo “ avatar” solapa el antiguo con ese atractivo rufián e ilusorio de lo “ auténticamente real”, lo hermoso. Buscamos en la belleza la causa y origen de nuestro pecado original, pero inconvenientemente… con una rueda mandala eterna de prueba y error donde tratamos de justificar la necedad. La carne de la verdad bien pegada al hueso, al músculo, a las venas… y a la sangre, que impulsan la razón. Todo se mueve con torpe falsedad delante de nuestra trascendencia y nos engañamos entre sufrimientos y orgasmos. Somos los amos del mundo. Escribas lo que escribas, tu escriba interior cincela las letras que acaban peregrinando hacia el ocaso. Y por más hermético que sea el baladro, más desventuradamente lenta será la lengua que se sacie en su sed de mal. Al final, quedará el contraste… y el blanco perfecto barroco e inacabado de la hoja en pálido temor. Y otra vez, una más, frustrado de trazas te recostarás en la almohada tibia de estrellas dispuesto a soñar. El útero, su forma sagrada… acogerá la lágrima y el cáliz; y así La nada volverá a tomar forma. Todo es nada… la nada lo es todo, sin ojos, sin boca, sin nariz… sin ni siquiera el mantra más hermoso y alejado. Guía de mis pasos por entre las puñeteras sombras. Mañana dejaré sacramentos... Nada.
Nada es verdad, si no la verdad misma… en la que no nadas, te ahogas. No dices lo que piensas… si no lo que pensabas ayer, antes de tiempo… Obstruido. Todo tiene sentido, si no se piensa demasiado… si se piensa demasiado, la sabiduría te dejará en las vísperas de La ignorancia esquina a La barbarie. ( O tres calles más arriba) La verdad es de rima fácil, y se deja meter mano… Te la puedes tirar, en todo instante… Tacones de aguja arriba mirando al techo y desaparece… te has quedado como un pingüino la noche de bodas, con los pantalones por los tobillos. La ridícula estampa de un sabio Salomón que busca una candela cenital en mitad del páramo. Gastas palabras… abundantes, inicuas, infames… farragosas. No ves el universo en la cabeza del alfiler… Te has dejado las gafas de ver en la mesilla de noche junto a tus sueños sin desleír. Ríe payaso, ríe… que algún suicida buscando vírgenes en el paraíso ha puesto una bomba frente a una guardería de futuros déspotas. ¿ Falta alguna morcilla, Cebolla?.
Lees a algún Rimpochéeeee, al Che… del partido del Che… l… sea, la verdad… la que tienes delante de tus ojos… ¿ cómo sabes qué estos no te engañan?. No hay silencio. Notas que aturden los sentidos. Pían los pájaros. El vecino taladra la pared. ( El vecino “ siempre” taladra la pared…) Nadas… sin guardar la ropa. El caballo de tu imaginación se ha desbocado. Todo son ladrillos que unos sobre otros hacen muro. Del caos viene la danza. La vida es otra eterna justificación, una torrentera interminable de nadas paralelas donde no nadas, tan sólo te mojas los pies… donde cada nuevo “ avatar” solapa el antiguo con ese atractivo rufián e ilusorio de lo “ auténticamente real”, lo hermoso. Buscamos en la belleza la causa y origen de nuestro pecado original, pero inconvenientemente… con una rueda mandala eterna de prueba y error donde tratamos de justificar la necedad. La carne de la verdad bien pegada al hueso, al músculo, a las venas… y a la sangre, que impulsan la razón. Todo se mueve con torpe falsedad delante de nuestra trascendencia y nos engañamos entre sufrimientos y orgasmos. Somos los amos del mundo. Escribas lo que escribas, tu escriba interior cincela las letras que acaban peregrinando hacia el ocaso. Y por más hermético que sea el baladro, más desventuradamente lenta será la lengua que se sacie en su sed de mal. Al final, quedará el contraste… y el blanco perfecto barroco e inacabado de la hoja en pálido temor. Y otra vez, una más, frustrado de trazas te recostarás en la almohada tibia de estrellas dispuesto a soñar. El útero, su forma sagrada… acogerá la lágrima y el cáliz; y así La nada volverá a tomar forma. Todo es nada… la nada lo es todo, sin ojos, sin boca, sin nariz… sin ni siquiera el mantra más hermoso y alejado. Guía de mis pasos por entre las puñeteras sombras. Mañana dejaré sacramentos... Nada.