Una pequeña abejita volaba zumbando dichosa en tanto polinizaba los lirios, las lilas, las encarnadas amapolas… y también las margaritas, pero esa es otra historia. El sol lucía frío y radiante en el cielo… y cara a él… las nubes pasaban como pasa el agua bajo el puente sobre el que escupían dos niños gordos y felices cual orondas perdices. Aquella beatífica mañana las hermanas recogían champiñones y las ardillas roían los piñones… y… y… sentado sobre los cuartos traseros, un perro ciego y viejo se rascaba la oreja… y cantaba a las montañas nevadas, allá a lo lejos… ( pero, bien lejos) a ladridos… ¡ oh, qué hermosa mañana que hace!.
El viento susurraba entre las ramas del sauce al tiempo que dos mujeres se besaban enardecidas, excitadas… mientras preparaban “ vigorosas y recias” la barbacoa para sus pequeños y escupidores… y recolectores… vástagos o vástagas. La carne olía a macho, pues era de asador de primera… y la salsa, a choto… pues, se había avinagrado en la nevera… Mas, no importaba… las hormigas hacían hilera prestas cual soldados sin teniente, o parados sin prestación… o " cantaaaautores" en busca de subvención; ¡ a recolectar las migajas, obreras!… o una tornasolada aceituna de color… melaza… ¡ negra!/nariz de sarcasmopayaso. ( Las simientes sombreadas de meta/campánulas/foras me abruman… Sin… de… cir… más sandeces de Los boy “ exploradores” o Las 80 Moncloa’s girl)
Maldita tormenta, se puso a descargar en el momento más inapropiado, y arruinó el picnic… Un gato saltó al agua… y un borracho despotricaba al compás de los rayos y los truenos desde la otra orilla, observando y bebiendo una copa tras otras de Anís Manolete o Rioja, no lo recuerdo. Y prestando atención al grácil aleteo de una gaviota que se alejaba allende las lomas, dirección al vertedero donde picotear el resto podrido… o medio ajado… de algún burger… la mañana se hizo tarde, y siempre tarde en pensar. ( Cosa de la educación religiosa… y de pedalear en patinete por la piscina municipal en pleno invierno occidental)
Moraleja: Urbanización de pijos en las afueras de Madrid capital… donde las " lomanas" se garrapiñan pezones como avellanas... Enseñanza o lección: No por mucho madrugar, encuentras aparcamiento. No tiene sentido, ni viene al caso… pero, que lo tiene, ¿ y qué caso nos importa, realmente?. Lo malo no es… pensándolo bien, que dos generaciones nos separen del “ arao”… sino, que tan sólo nos separen… algunos metros. Quia, quia… ¡ Redíos!.
El viento susurraba entre las ramas del sauce al tiempo que dos mujeres se besaban enardecidas, excitadas… mientras preparaban “ vigorosas y recias” la barbacoa para sus pequeños y escupidores… y recolectores… vástagos o vástagas. La carne olía a macho, pues era de asador de primera… y la salsa, a choto… pues, se había avinagrado en la nevera… Mas, no importaba… las hormigas hacían hilera prestas cual soldados sin teniente, o parados sin prestación… o " cantaaaautores" en busca de subvención; ¡ a recolectar las migajas, obreras!… o una tornasolada aceituna de color… melaza… ¡ negra!/nariz de sarcasmopayaso. ( Las simientes sombreadas de meta/campánulas/foras me abruman… Sin… de… cir… más sandeces de Los boy “ exploradores” o Las 80 Moncloa’s girl)
Maldita tormenta, se puso a descargar en el momento más inapropiado, y arruinó el picnic… Un gato saltó al agua… y un borracho despotricaba al compás de los rayos y los truenos desde la otra orilla, observando y bebiendo una copa tras otras de Anís Manolete o Rioja, no lo recuerdo. Y prestando atención al grácil aleteo de una gaviota que se alejaba allende las lomas, dirección al vertedero donde picotear el resto podrido… o medio ajado… de algún burger… la mañana se hizo tarde, y siempre tarde en pensar. ( Cosa de la educación religiosa… y de pedalear en patinete por la piscina municipal en pleno invierno occidental)
Moraleja: Urbanización de pijos en las afueras de Madrid capital… donde las " lomanas" se garrapiñan pezones como avellanas... Enseñanza o lección: No por mucho madrugar, encuentras aparcamiento. No tiene sentido, ni viene al caso… pero, que lo tiene, ¿ y qué caso nos importa, realmente?. Lo malo no es… pensándolo bien, que dos generaciones nos separen del “ arao”… sino, que tan sólo nos separen… algunos metros. Quia, quia… ¡ Redíos!.