Cojines donde apoyarse


Hay días que llueven lágrimas del cielo no gotas de agua. Otros, el cielo simplemente está con la capota echada y gris, casi negra… esperando. Te preguntas, ¿ esperando qué?. Esperar, es el destino del hombre… porque aunque compres las entradas al concierto por internet, o no tengas que hacer cola para tirar el dinero en mierdas y glamour en Loewe… esperar es la paradoja que el germen de lo por hacer siempre te oculta a la vuelta de la esquina. Esperando la tormenta. Porque lloverá. Y te volverás a calar como un bobo. Y temblarás… pero, si no ríes… ¿ qué harás?. Llorar amargamente y añadir más agua salada y triste al mar. El planeta ya tiene mucho océano donde perderse. ( A veces hasta haciendo propósito...)
Adoró los días nublados… me hacen sentirme aun mejor que las mañanas de primavera a pleno sol cuando el gentío saca la cabeza cual espantapájaros y cierra los ojos para sentir su calor en el rostro. Me gusta ver a mi perro mear deprisa en el seto para volver cuanto antes al calorcito de su manta. Los semblantes del personal parecen más abatidos de lo normal como si la felicidad consistiera tan sólo en unos cuantos rayos aleatorios de sol tomando una cervecita fría con las amigas. Los coches van deprisa, los autobuses van deprisa, los carritos de la compra van deprisa… la paciencia va a toda velocidad hasta para el ocio y la diversión, la conversación sosegada a media luz… y el amor. ¡ A sí, el amor!. Ya sabéis, esa cosa que hay entre antes y después del sexo… ( Pretendo ser sarcástico… y es la última vez que aviso. Estáis avisados… ¡ Todos!)
Y es que hoy he decidido escribir de nada. ( No de la nada) Porque de todo lo escrito hoy no hay “ nada” realmente dicho, si no imaginado. Imaginado en una mirada tras el cristal, y entre la ropa tendida dentro… en la habitación pequeña. La pequeña pelota azul está sobre el sofá, y el lobo en la montaña. El café frío… ¡ bueno!, mejor así. La exquisitez y el refinamiento se lo dejo sólo a los doctos… a los arquitectos de la perfecta jornada de la vida… al menos, hasta dentro de cuarenta y ocho horas… o menos incluso. Porque cuando me encuentre la lluvia espero estar descoyuntando de la risa por dentro y fuera de mí. Mirando al infinito… estúpido y lleno de verdad, mi verdad… que no es ni mejor ni peor que las del resto. ( Únicamente quizás… más maleable, y espero que compasiva en la medida de lo posible)