Ida de olla.


Me gustan esas historias de interés humano… sin ironía. Como las de tener que mandar zapatillas deportivas para los niños de Senegal en ataúdes para que no las roben ni las confisquen en la aduana. Es el especial encanto de África. Una mujer que tiene que salir al despuntar el alba cada nueva jornada para después de recorrer una media de veinte kilómetros poder llevar algo de beber a los suyos… y así un día, y otro, y otro… No pienso demasiado en ello mientras me ducho, tan sólo entrecruzo ideas y miradas patibularias. Cosa de combinar la evocación del olor del agua africana al asearte… con la imagen antiséptica y una mieja “ estéril” de un ambulatorio español de barrio. ( Con sus complicaciones funcionariales) Así, mientras saboreo mi whisky con Coca cola tecleando algunas de mis miserias, espero hasta la hora de cenar sin tener que razonar en exceso no vaya el cerebro ha... ha... ja, ja... hacer clic. Y conectarse. Lo cual sería muy de lamentar. Una verdadera desgracia.
No podemos permitirnos perder nuestro ecuánime e impersonal punto de vista ni un solo instante. El sufrimiento y la compasión por todas las criaturas que viven y respiran nuestro mismo oxígeno… ha - han- de ser nuestra referencia, sin penosas intromisiones de lo que nos es querido y preferente, conexo, para lo cual siempre estamos ahí… aunque a veces lo olvidamos. Flaquear es humano. ( Y no sé porque me da que también divino…) Ignoro si Dios es de dados o ajedrez… pero, su creación más rutilante y molona, nosotros, si tiene una cierta… “ predisposión” a la estrategia… y a lo de tocar los cojones. El tablero geopolítico siempre está dispuesto para ello, las piezas colocadas en su justa demarcación, los objetivos cristalinos, despejados de molestas nubes… preparados para lanzar la jonina “ boooomba”… las tablas claras, y el chocolate espeso. ¡ Joder!... si no sonríes, por lo menos has de hacer un jodido esfuerzo. Y sobre todo mucha… pero, que mucha… meditación. Luego habrá quien te llame “ iluminado”… bueno, pues que les den mucho… pero, mucho… con la permanen ondulante… y lo seguía. ( … y si te sofocas que te den con…) Y es que me gustan las historias de interés humano… los niños de onco que ríen a la vida y desconocen que es un libio. La gente que te da la mano a pie de calle. Hay demasiado cabreo por todas partes, para estar tan sólo pendiente de ello… o simplemente escuchar una única… y familiar voz. La vida es tan hermosa y puñetera… como ese maravilloso “ soleciquio” que nos alumbra, nos alegra la mañana… y nos provoca poquito a poco un cáncer de piel que no te meneeeeeés… ¡ y qué viva la radioactividad, carajo!. Definitivamente, se me fue la olla...