
Siete y treinta y cinco de la tarde. Dios se refresca con una Coca cola y observa taciturno la escena. La casa está en perfecta calma y sosiego. En la calle la gente volverá del trabajo, los más… y otros estarán velando, los llamados necesarios. ( Que no imprescindibles) Cada cual a lo suyo. A amar, a sufrir, a llorar, a reír… así es la vida. Bueno… el caso es, que la casa está en silencio. La luz me ilumina sin más. El salón está tranquilo. Fuera anochece. O ha anochecido… o está anocheciendo. No importa. No importa demasiado. La calefacción está encendida. Se está bien. Sobre la mesa una infusión de menta poleo con manzanilla. El móvil, el mando de la televisión… un DVD sirviendo de ocasional posavasos de la taza. Tras el tabique los niños de la vecina protestan su cena, como cada noche… Uno de ellos la recrimina a su madre amargamente: “ Está duro”. No puedo evitar sonreírme. En Japón la gente está muriendo sin saberlo; entre la estupidez… ( de los que plantean en germen el mañana con grandes fastos y molduras) y el heroísmo. Es el equilibrio. Otros prefieren llamarlo Karma. El otro lado del balancín que tipos como Gadafi impulsan con testadurez y empeño cinético… y también, cinegético. Internet lo muestra veinticuatro horas al día entre ombligos de modelos brasileñas de la talla treinta y cuatro… y publicidad de casinos online. Tanto dolor que mi cerebro necesita desembalsar el asco acumulado de estos días desContados en los cuales los monstruos ya no dan miedo, tan sólo el suelo de la hipoteca… que nos arrastra junto al tsunami de la jodida tarjeta VISA. ( El mayor logro del occidente cristiano... después de la invención del microondas)
Las siete y cuarenta minutos… las ocho menos veinte. El diablo abre una bolsa de Doritos y pica. La cena se está haciendo. Cuecen las judías verdes junto a la venerable y modesta patata. Hay tres yogures a punto de caducar en la nevera. Tras las cortinas comienza a llover. Los árboles se agitan con sus hojas brillando bajo las farolas mientras el viento balancea las ramas. Desolado me hallo… las poblaciones de merluza cantábrica están desapareciendo. ¿ Es bastarda la guardo congelada?. ¿ La haré mañana con nieve de queso fresco y espuma de albahaca?. La duda… cual una pulga en mi perro, me “ a… salta”. Quizás no debería escribir… he dicho, escribir… garabatear tontunas que pintarrajean los enojos del espíritu. La desagradable contrariedad del café en vaso corto de plástico que va contra la esencia misma y deleite de paladear una exquisita mezcla descafeinada. El perro ya se ha desperezado. ( Y se lame prolongadamente su " cosita"...) El “ fuego” más grande de la vitro… iluminando en la oscuridad de la cocina… es una estrella, apenas insinuada. Me sonrío. Una mujer ha muerto con su hija en brazos, por causa de un terrorista inútil que no ha hecho bien su “ trabajo”… su miserable labor de mierda. ( Con fines políticos absolutamente irrenunciables. “ Honorables”) Pongamos a la esperanza, a la ilusión, al anhelo… traje de chaqueta bordado a mano y perlas cultivadas… y saquémosl@ de fiesta, para ver si se airea un poquito siquiera el/la muy hij@ de puta. ( Y no digamos lo que pensamos… sigamos siendo pura hipocresía) Aún no es menos cuarto, faltan dos segundos. Veamos el partido de Champions. Lo demás no importa.
Me debido dejar las gafas en el cuarto de baño mientras leía la Cosmo intentando hacer caca en truños sin ningún éxito. Un artículo ciertamente interesante… ¿ sobre qué versaba?. Ahora no lo recuerdo, sólo retengo en alguna comisura del raciocinio la turgencia de los pechos de la modelo escandinava de la portada. Como un paleto gringo con una gorra de John Deree comiendo un plátano mirando los ojos azules de la perra en celo. Soy un perfecto yuppie de lo intelectual venido a granjero. Dos segundos es tan poco tiempo para condensar lo que quiero decir en un silencio, que creo que me sobra tiempo de descuento cual un pato mareado que viaja hacia el calor del lejano sur. Cubriré espacios en blanco, pero no llenaré mi alma vacía, quien puede hacerlo; a parte de todos esos mentadores de lo superfluo que mean agua bendita y juzgan lo divino y lo humano porque tienen potestad para ello y majadería se llama su reino. ¡ Qué fácil es criticar!, sobre todo… para los cretinos, y los que somos unos completos necios.
Las siete y cuarenta minutos… las ocho menos veinte. El diablo abre una bolsa de Doritos y pica. La cena se está haciendo. Cuecen las judías verdes junto a la venerable y modesta patata. Hay tres yogures a punto de caducar en la nevera. Tras las cortinas comienza a llover. Los árboles se agitan con sus hojas brillando bajo las farolas mientras el viento balancea las ramas. Desolado me hallo… las poblaciones de merluza cantábrica están desapareciendo. ¿ Es bastarda la guardo congelada?. ¿ La haré mañana con nieve de queso fresco y espuma de albahaca?. La duda… cual una pulga en mi perro, me “ a… salta”. Quizás no debería escribir… he dicho, escribir… garabatear tontunas que pintarrajean los enojos del espíritu. La desagradable contrariedad del café en vaso corto de plástico que va contra la esencia misma y deleite de paladear una exquisita mezcla descafeinada. El perro ya se ha desperezado. ( Y se lame prolongadamente su " cosita"...) El “ fuego” más grande de la vitro… iluminando en la oscuridad de la cocina… es una estrella, apenas insinuada. Me sonrío. Una mujer ha muerto con su hija en brazos, por causa de un terrorista inútil que no ha hecho bien su “ trabajo”… su miserable labor de mierda. ( Con fines políticos absolutamente irrenunciables. “ Honorables”) Pongamos a la esperanza, a la ilusión, al anhelo… traje de chaqueta bordado a mano y perlas cultivadas… y saquémosl@ de fiesta, para ver si se airea un poquito siquiera el/la muy hij@ de puta. ( Y no digamos lo que pensamos… sigamos siendo pura hipocresía) Aún no es menos cuarto, faltan dos segundos. Veamos el partido de Champions. Lo demás no importa.
Me debido dejar las gafas en el cuarto de baño mientras leía la Cosmo intentando hacer caca en truños sin ningún éxito. Un artículo ciertamente interesante… ¿ sobre qué versaba?. Ahora no lo recuerdo, sólo retengo en alguna comisura del raciocinio la turgencia de los pechos de la modelo escandinava de la portada. Como un paleto gringo con una gorra de John Deree comiendo un plátano mirando los ojos azules de la perra en celo. Soy un perfecto yuppie de lo intelectual venido a granjero. Dos segundos es tan poco tiempo para condensar lo que quiero decir en un silencio, que creo que me sobra tiempo de descuento cual un pato mareado que viaja hacia el calor del lejano sur. Cubriré espacios en blanco, pero no llenaré mi alma vacía, quien puede hacerlo; a parte de todos esos mentadores de lo superfluo que mean agua bendita y juzgan lo divino y lo humano porque tienen potestad para ello y majadería se llama su reino. ¡ Qué fácil es criticar!, sobre todo… para los cretinos, y los que somos unos completos necios.