
Es de madrugada. Las cuatro menos diez. A ésta hora se supone que debo estar dormido… pero, estoy despierto. Muy despierto. Hasta se ha avivado el perro, que se agita y en su ceguera no comprende nada. O a lo peor, lo vislumbra todo bastante mejor que yo mismo. ¡ Bueno!... y que más da, ¿ no?. Me he preparado, por cierto, una taza de chocolate en polvo. Sabe bien. Rico. Escribo sin ganas. El bolígrafo se desliza sobre las cuadrículas azules del cuaderno como una puta vieja y sabia pajeándome. La metáfora, o lo que sea, chirría… es cual esas maquinillas de afeitar baratas y gastadas que te desollan la cara. Sí señor, el chocolate está bueno. Escribo sentado en la cama. Tengo frente a mí… libros y más libros apilados. Ya he olvidado lo que contaban sus páginas, mejor así. La ropa está revuelta, el portátil cerrado y roto. Las zapatillas se van gastando, son la tinta espesa de mis conexiones sinápticas. Aburridas de pasos desandados demasiado pensados. ¿ Por qué he decidido titular a éstas pocas palabras y acentos sueltos en mitad de la tibia noche, madera gastada?. Será por el viejo mueble que se cae a pedazos de cara al yo que se derrumba. Eso… eso, si que es una jodida… a la vez que mal orquestada “ metáfora”.
La soledad me abruma. Los calzoncillos tirados, desde el suelo me miran mal. ¿ Qué ponen ahora en la tele?. Calls y teletiendas. Mejor intentar dormir, si se puede… Mañana será un día difícil. Las consonantes comienzan a desquebrajarse borrosas. No debería garabatear estupideces, ni tan siquiera tendría que haber empezado… tan sólo observar la oscuridad desde donde por debajo de las sábanas desnudo y lúcido transpiro como un idiota perspicaz. Con la cabeza sobre la almohada. Con los hombros descansando entre sueños y desvelos intempestivos. Me siento perdido dentro de mis propias miserias. Bostezo… todo es empezar.
La soledad me abruma. Los calzoncillos tirados, desde el suelo me miran mal. ¿ Qué ponen ahora en la tele?. Calls y teletiendas. Mejor intentar dormir, si se puede… Mañana será un día difícil. Las consonantes comienzan a desquebrajarse borrosas. No debería garabatear estupideces, ni tan siquiera tendría que haber empezado… tan sólo observar la oscuridad desde donde por debajo de las sábanas desnudo y lúcido transpiro como un idiota perspicaz. Con la cabeza sobre la almohada. Con los hombros descansando entre sueños y desvelos intempestivos. Me siento perdido dentro de mis propias miserias. Bostezo… todo es empezar.