
Algunas veces, muy… de vez en cuando, uno padece de extrañas bifurcaciones espirituales… ( “ cruces de caminos con guarnición de pedrolos”) para todas las cuales el aparato católico sólo encuentra una jodida solución: Ir al templo/santuario/tabernáculo a oír misa, orar con vehemente devoción… y esperar la palabra de Dios… a cobro revertido. Es decir, lo que me podría aconsejar cualquier amanerado Doctor de la Iglesia en pleno siglo XIV. Me dan unas ganas de hacerme el templario loco y darle a tanto bienhadado fanático tres nobles y cercenantes tajos en el recto con el espadón… mientras les recito cual mantra tibetano algo así como: Que no, chorbo… que no me ampara la gracia de Dios, ni nada que se le asimile.
El “ altísimo”, y no me refiero a Don Emilio Botín, el del Santander, me mira incoherente y sabio como es él mientras preparo mis roscos de anís en el horno. La “ repostería” casera se ha convertido en mi yoga personal… y como dijo La santa… puede que el fulano se esconda de mí entre los puñeteros fogones. Lo ignoro, yo tan sólo hablo con el Jesús del borracho… que lo mismo te insulta al tiempo que te pide para vino y agradece tu solidaridad de oenegeta alcohólico, que te hace ver la rueda del karma recién pinchada como una oportunidad para hacerle al tantramóvil una revisión de chapa y pintura, que te lleva de excursión revisionista de tus objetivos pintureros a los arrabales de Calcuta esquina a Serrano.
El que no comprenda la complejidad, la magnitud del SMS… es hasta lógico las más de las veces. Se puede caer herido, y hasta muerto… en las redes de ese hermetismo suicida. No se hizo la miel para la boca del cerdo… pero, sí para la del asno. Y tengo muy claro, que antes entrará un ateo convicto y confeso en el reino de los cielos y aledaños… que todos los padres priores que son utilizados por las monjitas para hacer el agujero de sus dulces rosquillas y demás alfajores. ( Disculparme si estoy en cuarto de sarcasmo, y sólo en primero de budismo con reparos… o, al revés) A veces, me puede el labriego anárquico, bruto y horizontal que medra en mí. Es lo que tiene vivir en un país de heterodoxos donde cada pequeño clan de mandriles pelea por su parcela de verdad y caótica dignidad.
El “ altísimo”, y no me refiero a Don Emilio Botín, el del Santander, me mira incoherente y sabio como es él mientras preparo mis roscos de anís en el horno. La “ repostería” casera se ha convertido en mi yoga personal… y como dijo La santa… puede que el fulano se esconda de mí entre los puñeteros fogones. Lo ignoro, yo tan sólo hablo con el Jesús del borracho… que lo mismo te insulta al tiempo que te pide para vino y agradece tu solidaridad de oenegeta alcohólico, que te hace ver la rueda del karma recién pinchada como una oportunidad para hacerle al tantramóvil una revisión de chapa y pintura, que te lleva de excursión revisionista de tus objetivos pintureros a los arrabales de Calcuta esquina a Serrano.
El que no comprenda la complejidad, la magnitud del SMS… es hasta lógico las más de las veces. Se puede caer herido, y hasta muerto… en las redes de ese hermetismo suicida. No se hizo la miel para la boca del cerdo… pero, sí para la del asno. Y tengo muy claro, que antes entrará un ateo convicto y confeso en el reino de los cielos y aledaños… que todos los padres priores que son utilizados por las monjitas para hacer el agujero de sus dulces rosquillas y demás alfajores. ( Disculparme si estoy en cuarto de sarcasmo, y sólo en primero de budismo con reparos… o, al revés) A veces, me puede el labriego anárquico, bruto y horizontal que medra en mí. Es lo que tiene vivir en un país de heterodoxos donde cada pequeño clan de mandriles pelea por su parcela de verdad y caótica dignidad.
Labriego cabalista o afín, dando doctrina...