El sábado por la mañana sobre las doce llevé a mi perro al veterinario y lo sacrifiqué. ( Sin mariconadas, no voy a decir aquello de, “ lo dormí”) Sin especificaciones excesivamente complejas ni técnicas… Estaba ciego. Había perdido el olfato… Le daban ataques epilépticos… Era un puro quejido el animalito. Así que supongo que hice lo que debía. “ Un acto de amor” llamado… “ Eutanasia”. A lo mejor hay quien no lo entiende, incluso… quien lo juzga estúpido. Gente sin alma, sin duda… pero para mí, budista convicto y confeso… me temo que en mi jodido karma se ha echado otra pesada losa sobre él. Algo que “ mi piadosa” forma cristiana equilibra, digamos… de modo tántrico y adecuado. ( Espero que Jesusito no me de cuatro hostias bien dadas por capullo)
“ Morrito rosa” ya galopa libre por verdes prados… como diría Homer Simpson… en “ el cielo de los perros”; añoraba verle correr… desde que se quedo cieguito, tenía una especie de ahogo contagioso. Ahora supongo que podrá reencarnar en una cabra, ( o un cabrón) un dragón… o, tal vez, en un niño… que de adulto no crea en “ gilipolleces” como yo. Lo cierto es, que dentro de mi corazón hay muchos sentimientos encontrados: fe, temor, esperanza, alegría, amor, tristeza, odio… no sé hasta si algunos, son realmente “ sentimientos”… o, únicamente... reflejos del pequeño estanque donde flota eternamente el loto de mis meditaciones, mas… mientras escribo esto escuchando el llanto de un crío al otro lado del tabique, y veo en la televisión la crisis humanitaria de Somalia, pienso cuan vacía está la casa sin Monsieur Lamond. Mi fiel y buen “ perro tonto”… esa mancha gris que queda impregnando la memoria. Y no tengo más que decir… salvo: Adiós amigo, ya nos veremos.
“ Morrito rosa” ya galopa libre por verdes prados… como diría Homer Simpson… en “ el cielo de los perros”; añoraba verle correr… desde que se quedo cieguito, tenía una especie de ahogo contagioso. Ahora supongo que podrá reencarnar en una cabra, ( o un cabrón) un dragón… o, tal vez, en un niño… que de adulto no crea en “ gilipolleces” como yo. Lo cierto es, que dentro de mi corazón hay muchos sentimientos encontrados: fe, temor, esperanza, alegría, amor, tristeza, odio… no sé hasta si algunos, son realmente “ sentimientos”… o, únicamente... reflejos del pequeño estanque donde flota eternamente el loto de mis meditaciones, mas… mientras escribo esto escuchando el llanto de un crío al otro lado del tabique, y veo en la televisión la crisis humanitaria de Somalia, pienso cuan vacía está la casa sin Monsieur Lamond. Mi fiel y buen “ perro tonto”… esa mancha gris que queda impregnando la memoria. Y no tengo más que decir… salvo: Adiós amigo, ya nos veremos.