Me siento sobre el madero y miro al cielo… ( Con los pies colgando) Tengo litros de café en los ojos… frío, con demasiada leche… y demasiada azúcar… lucho contra el sueño, y sueño despierto. El aire es espeso y caliente. Lleno de maldad. De gentes sin alma, sólo religión… y un papismo exacerbado hasta el paroxismo… Miro la cadena… las llantas de 52 radios sin ningún mensaje… Dios está en la carretera… en mi corazón… y en mi cerebro, es todo amor… no puede ser tanta mierda con sotana. El mundo está ardiendo como el infierno… te sientas en un bar, ves la televisión mientras tragas un pedazo asqueroso de tortilla de patata rancia y bebes una Mahou… y lo contemplas, como poco a poco lo incineran. Lo dejan reducido todo a ceniza.
El gentío ríe a tu alrededor… y tú bailas en la oscuridad, a pleno sol en tanto te diriges a las sombras de nuevo. Te espera el pan y la sal… vislumbrar ese dolor ajeno y perturbador. El dolor de los que mueren por la codicia de unos pocos tan lejos de aquí… Hace falta un nivel de budismo extremo para sonreír a la muerte… pero, lo haces. Eres un inconsciente, o un loco… o, ambas cosas. Tragas saliva. Compras un botella de Johnny walker y te das unos pasos con él, hay confianza. Le preguntas por los inocentes que nadie llevará ya en los brazos para que vean la luz, y enciendes tu motor. Así, cual un chasquido de tus dedos. La velocidad te hace renacer. Todo está a mil putos kilómetros de ti… el llanto por los maltratos, la compasión por el hombre que habita en tu lugar… Quieres ser humo, empero no hay humo. Quieres diluirte, mas… el agua ha desaparecido, sin sed… simplemente se evaporó. Eres aun muy joven, te dice un viejo borracho con el que cruzas mirada y luminaria espiritual… dejas tu mueca y sigues girando, y girando vueltas… 8000 putas vueltas… Un millón o dos…
Una voz sin rostro golpea mi cabeza: ¡ Cuánta violencia!... ¿ Por qué queremos aparentar tanta ruindad?. Te sientas sobre el madero y miras al cielo… ( Con los pies colgando… ella no está a tu lado) Examinas el incendio. Escupes. Es tu ayuda para intentar apagarlo… El anciano… en el que ahora reparas que está desdentado, te vuelve a sondear… inquiere sádico en tu embravecido mar interior… ¿ Es esto un rollo religioso?... indaga… ¿ Eres tú uno de esos meapilas con Jesucristo esto… y Jesús, lo otro?... Enciendo un cigarrillo al tiempo que lo distingo por fin tambalearse… Sonrío irónico. Vale, le digo… Ya sé quién eres… Ahora dime, quien soy yo. Y no quiero una maldita metáfora ésta vez.
El gentío ríe a tu alrededor… y tú bailas en la oscuridad, a pleno sol en tanto te diriges a las sombras de nuevo. Te espera el pan y la sal… vislumbrar ese dolor ajeno y perturbador. El dolor de los que mueren por la codicia de unos pocos tan lejos de aquí… Hace falta un nivel de budismo extremo para sonreír a la muerte… pero, lo haces. Eres un inconsciente, o un loco… o, ambas cosas. Tragas saliva. Compras un botella de Johnny walker y te das unos pasos con él, hay confianza. Le preguntas por los inocentes que nadie llevará ya en los brazos para que vean la luz, y enciendes tu motor. Así, cual un chasquido de tus dedos. La velocidad te hace renacer. Todo está a mil putos kilómetros de ti… el llanto por los maltratos, la compasión por el hombre que habita en tu lugar… Quieres ser humo, empero no hay humo. Quieres diluirte, mas… el agua ha desaparecido, sin sed… simplemente se evaporó. Eres aun muy joven, te dice un viejo borracho con el que cruzas mirada y luminaria espiritual… dejas tu mueca y sigues girando, y girando vueltas… 8000 putas vueltas… Un millón o dos…
Una voz sin rostro golpea mi cabeza: ¡ Cuánta violencia!... ¿ Por qué queremos aparentar tanta ruindad?. Te sientas sobre el madero y miras al cielo… ( Con los pies colgando… ella no está a tu lado) Examinas el incendio. Escupes. Es tu ayuda para intentar apagarlo… El anciano… en el que ahora reparas que está desdentado, te vuelve a sondear… inquiere sádico en tu embravecido mar interior… ¿ Es esto un rollo religioso?... indaga… ¿ Eres tú uno de esos meapilas con Jesucristo esto… y Jesús, lo otro?... Enciendo un cigarrillo al tiempo que lo distingo por fin tambalearse… Sonrío irónico. Vale, le digo… Ya sé quién eres… Ahora dime, quien soy yo. Y no quiero una maldita metáfora ésta vez.

Los señores de la guerra dan palmas y rezan plegarias / Agitan sus copas y se estremece de miedo la madrugada / Los cuerpos caídos recogieron el metal nuestro de cada día / Las venas se corrompieron y a los críos les brotaron prótesis / Los ojos se secaron de mirar a la muerte tan de cerca / Ahora llevan el pan seco y encienden fuego a lo lejos / No dicen nada, callan la amargura de sus letras en silencio / Nos llaman desde el humo de sus pequeñas perforaciones / Desde las esquinas de Dios que no han ardido / La maquina arrolladora no deja puntos ni mariposas / Un bebe muere de fiebre y acero en medio del campo de tiro / El cuchillo se clavó en el clítoris de madre al otro lado del río