
Anoche quería escribir… pero no puede. No recuerdo de que quería garrapatear, emborronar cuadrículas… ni de esas extrañas urgencias nocturnas. Ahora una calma profunda me invade con parsimonia breve. Cual un perecedero stress vital. Me lleva a océanos de infinito placer y bienestar. Es como ser ladrón del viento cuando llueve, me gusta esa sensación de mojarte por dentro aunque estés bien abrigado al calor de una agradable conversación de buena mañana. Mas anoche, me arrullaban las furias… pedazos de mí mismo que me despedazan mientras no me entero de nada y busco el cielo, en mitad de una almohada que no me deja dormir bien. Anoche un cuento muy breve moría en mis manos. Se había hecho viejo de repente. Nada más nacer. No pude ni escribirlo. No tenía papel, ni pluma ni portátil… nada, sólo afiladas neuronas que no hacían el mínimo esfuerzo por recordarlo. Ahora me siento lleno, pleno, feliz… satisfecho, podría volar. ( A pesar de haberlo perdido en la encrespada sima de mi memoria poética) Ver mi vida como un ciclo kármico. Mi nacimiento, mi desarrollo… e incluso, mi muerte. Me siento bien. De puta madre. Vuelvo a leer el post it de la nevera. Dice: Sé feliz… Y ahora, de alguna manera lo entiendo. Tiene sentido. Un sentido digamos, azaroso y alegre… a ratos perdidos, naturalmente.
Alzo el vuelo. Las casas. Los tejados rojos y los parques, los columpios herrumbrosos quedan debajo… a la altura cercenante de los hombres mediocres, de las mujeres triviales… de los niños afligidos y lánguidos que se esconden en los rincones oscuros para no ser encontrados. Anoche quería escribir un poema de luz, empero… me venció el sueño… del mismo modo que ahora me derrota un martillo de corcheas que escucho despacio. Pedazos de mi vida se desmenuzan mientras fuera la lluvia moja las calles. Una lluvia que apetece andar despacio mirando al cielo manchado de un gris suave casi blanco sucio. Hablas con un amigo, y mientras te ayudas de tu bastón para caminar, te das cuenta de que la vida es maravillosa. Y se escribe en esa extraña acuarela donde unos mueren... sufren y mueren, mientras los menos cantan y bailan felices y despreocupados. A veces el miedo a morir, te impide vivir. Otras piensas, buscas justificarte. Quizás lo coherente sea tan sólo, el preocuparnos del mar. O simplemente dibujar un corazón en la arena y comprender la profunda verdad que encierra un único grano de él. Me levanto a calentar mi café, se ha quedado helado. El microondas te devuelve con circunspecta y exasperante fluidez electrónica a la realidad. Una realidad de dolor y tiempo. Sólo eso, dolor y tiempo.