El volcado


Las almas rotas, fragmentadas y asimiladas… ( apenas recuerdos pendientes de ser poco a poco filtrados) volaban atormentadas a mí alrededor sin penetrar dentro aquel silencio de mis entrañas. Las voces de los que buscan una respuesta a su propio y arcano dolor escrito en fe… profanaban mi meditación con su curvatura de estupidez, y mediocridad. Podía sentir al cerrar los ojos… mi cerebro recorriendo febril, miles y miles de líneas de código escritas en extrañas lenguas muertas. Todo, sentimiento positrónico. Demasiados datos archivados para volcar en otra mente aun joven e inexperta. Mas él lo pedía sin palabras. Sin letras de más. Decía con su inconsciente juventud e intrepidez: Estoy listo, padre. Hablaba poco, tan sólo con muecas y su mirar profundo donde nada ni nadie podía entrar. Ni tan siquiera yo. La cobra y el sol defendían su portal, cual el laberinto y el trébol el mío. Símbolos de poder y magia atávica, casi patrimonial… más allá de la luz… mucho más allá del infierno. En éste plano. Charco de mugre inmaculada. Donde el amor es guía de la mente y el infinito.

Podía sentir la ira aproximarse a mí en el pulso gravitacional de una estrella muerta en mitad del espacio profundo. Un corazón anciano y candente escrito sobre mil y un cuerpos torturados en rito ancestral y del pergamino amarillento que el sol debe quemar sólo un poco cada vez, entre la roma madera de nogal mientras el pan y la sal de los enemigos se desliga dulcemente como hiel y pus en la boca, quemando tu garganta. Él acepta su suplicio con sosiego. Esa paz interior me torturará siempre, ( conocedor de que somos los juguetes olvidados de Dios, en el desván del hombre) técnico versado de la piedra que maldecirá su nombre hasta el fin de los tiempos. Pues no somos otra cosa que el error desterrado en espinas de un eterno amanecer. La liberación sangraba conurbana en mi agitado temblor. El hijo había hecho bien su trabajo. Sonríe, hijoputa, y no preconices la vacuidad. Que aquello que seas, no resuene en oídos extraños. Y entonces la vida… pequeña… Vida… se volvió sueño. Humo de horas perdidas. Dedo índice sobre la boca cerrada.

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