
Una vez un amigo japonés me dijo mientras hablamos de la reencarnación… y la jodida rueda de repuesto del tantra… ( y es que los amigos japoneses son como su música, una tortura china) Ósea, chaval… que te quieres reencarnar en un caballo. Pues yo no. A los sementales les hacen eyacular cada cuarenta y cinco días. No sé porque lo he recordado precisamente ahora. Quizás sea porque morir es como dormir, pero sin levantarse a hacer pis. Y es que por poco me orino encima soñando que era esa Virgen María gringa de Doris Day. Y es que el orgasmo femenino, ese “ amiguito” de juegos que a veces no viene a “ jugar”, es una partida de ajedrez llena de peZones. Algo más cerebral que físico. Necesita el amor que palpita las pieles y brama los sentidos... que es como un amanecer mudo. Es esa “ madrugada sin voz”, que aplaca las aristas geométricas del ser. O como en verdad dijo el Señor: Amaos los unos sobre los otros. Que el orgasmo masculino no existe. Es curioso… del mismo modo, que se le denomina sexo oral a la práctica sexual en la que menos se puede hablar. Pienso en la tía cantando Que será, será… y, pienso que niña. Es incluso, imprudente y entrometido, porque esta entrada iba ser un alegato a la gazmoñería y está quedando de lo más transversal. Inentendible, como casi todas las que escribo.
La palabra “ orgasmo” viene del griego “ orga” cuyo significado es hervir, arder… lo que tiene sentido sin sacar el perineo a pasear ni en sacudidas ni en contracciones. Además ya resulta divertido eso de que a las hembras que en el momento de la gran " corrida" segregan un líquido blanquecino, se las llame “ mujeres fuente”. ( Como la mujer de Einstein que tenía un físico bárbaro) Cual, La Cibeles. Durante años pensé que todo eso de las clitoridianas y las vaginales era el Madrid-Atleti de la estimulación femenina. Cuando resultaba cosa de porcentajes. ¡ Qué decepción!. Luego descubrí que hubo una vez un Gräfenberg al que se le debe el descubrimiento de ese punto, y al que se le debería rendir pleitesía en ese pabellón de hombres ilustres que es el orgullo machito. Por lo menos no he soñado que era Rock Hudson. Con lo que le gustaba a mi viejo ese actor, hasta que descubrió que era gay.
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