En cierta ocasión una vieja puta, que no... puta vieja, redimida a la fe católica, ( son las peores) y con cierto grado se sofisticación... me contó entre tequila y tequila como cierto periodista de éste país muy popular y muy de derechas, de esos que mean agua bendita una mañana sí, y otra también... adicto a la tertulia de mordisco y sangre, gustaba de ser penetrado por estacas de veinticinco centímetros puesto de farlopa hasta las trancas. Pero, claro... como una vez me dijo uno, que validez puede tener el relato en petit comité de una señora meretriz. Si fuera de un notario, añadió. Son las verdades a medias del posavasos, que no dejan marca en la mesa... y que te van sesgando el alma de hipocresía. De sinrazón.
Claro que es peor cuando el personal se pone metafísico hasta el paroxismo, es que no hay cristiano que los aguante. ¡ Qué coño!... es infinitamente más infame aun, ese síncope de que el gentío redefina los conceptos de la felicidad, por los caminos de la meditación y ese coñazo del yoga de autoayuda. Supongo que es porque vivimos en un mundo tan acelerado, que el tonillo de voz " sacadequicio" de los videntes de madrugada mata más rápido que una bala trazadora en el Vietnam de la cola de la charcutería. Y así, mientras unos salvan unos pocos y jodidos canidos " hechospolvo", feos como el culo... de morir en las perreras municipales, ( ¡ noble acción!) y otros en la calle y la manifa berrean por un mundo más justo... unos pocos ejecutan el tiempo, ese tiempo perdido de buscar la maldad mirándola a los ojos. Lo de eliminarla, es decisión de hombres justos y corruptos, lo que no deja de resultar irónico. Pues el adversario no deja la bebida sobre el posavasos... son esos claroscuros, sin definir.
