... a buen recaudo



Por ser hoy el día que es... hablaré de lo malo que es lo de subir a la montaña, pues luego queda la vuelta... y es que los hay muy, pero que muy... tontos. Están los amigos que te dicen: Para que fuiste, si allá arriba no había nada. Y los amiguitos del alma que simplemente te hacen un gesto de desaprobación, como si fueras idiota. Hay quien se queda admirado con el relato de tu escalada... y quien piensa, cuanto te estás tirando el pisto. He incluso hay, quien... te pide las pruebas, valientes payasos... que viven en el temor del rellano superior de su escalera y de lo que hay dos pisos más arriba.
Es lo malo de subir a la montaña... de tomar dos copas de más, de creer que por antes madrugar... amanece anteayer. Dos días antes de romperse todos los jodidos cartílagos del alma. La cuesta abajo es una uña mordida, una gota derrochada de llanto de las múltiples derramadas, una bala perdida que quedó desaprovechada en mitad de la arena enterrada... Una langosta esperando salsa rosa... en el fondo del mar, un gol de Puyol en el Bernabeu... La nariz de un judío oliendo queso cual una rata.
Queda la vuelta... atrás. El pedo sordo y enroscado subiendo en aroma montañés de una ninfa acuática, un libro que nunca quise leer... un trozo de texto por escribir, sin sentido... El sinsentido de un latido que se ha parado... en un agrio despertar. Nada de lo que visto en palabras sencillas, mi dolor sólo es un lento fluir. Y claro queda la respuesta de porque subí. Y nadie entiende que quería ver el mundo de otra manera. Cada uno tiene su pecado. Algo que decir. Su parcela de espanto, que por supuesto ya ha llenado. Y sus mentiras que guardar... a buen recaudo.