Ahora que el diablo no mira. Me voy una semanita de
vacaciones al infierno. Naturalmente, vacaciones pagadas. Me llevo las
bermudas, algo para leer... obviamente literatura pagana de degustación y
transito fácil, y algunos crucigramas y sopas de letras, para los momentos de
aburrimiento y taza del water closet. De tal modo que no me echen de menos que
estaré por aquí en lo que se tarda en hacer una sopa de picadillo, y un par de
huevos con chorizo Palacios. Y de ese modo: ... agradecida y emocionada,
solamente puedo decir... ¡ gracias, por venir!. Se que suena a coña, y en
momentos como estos no veáis como me alegra las meninges aquella decisión que
tomé en su día de suprimir los comentarios en éste puto blog de los cojones.
Por otro lado, para las tontunas que escribo últimamente,
mejor tomarme un descanso de mis patologías mentales. Que no estamos, en ese
plural mayestático que me gusta tanto... para " resobes cojoniles"; y
os dejo una selección de los cinco temas preferibles que me llevaría a la tumba
para dar por culo a San Pedro, y como decía mi abuelita materna, a las ánimas
benditas del purgatorio... iban a flipar.
Por cierto, empecé a escribir esto, empero lo dejé: ( Me
gusta ese jodido " empero" con su " noseque" viejuno) Como
cada jueves por la tarde, en su esquina equinoccial del vertedero, los niños
felices esperaban la llegada del camión de la carne. Ese que traía los
desperdicios de las mayores hamburgueserías de la ciudad. Los sabrosos despojos
de la del payaso sonriente... y, las otras. ¡ Qué gilipollez!.
